viernes, abril 19, 2024
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Registrar diariamente el dinero: algo culturalmente transformador

Dinero Tropical

Por José Hernández Herrera

Se cuenta, en el libro “The Dirt on Clean” de la canadiense Katherine Ashenburg, que a la llegada de los españoles, los mexicas ya tenían arraigados en su cultura ciertos hábitos de limpieza que sorprendían en demasía a los europeos. Estos no entendían por qué los indígenas tenían un baño diario, o incluso dos a veces. Además, para una mayor higiene, usaban jabón, y, por si fuera poco, el aseo dental también formaba parte del cuidado personal, utilizando la ceniza de tortilla.

En este mismo tenor, según el Codice Florentino, existe un pasaje donde se explican las instrucciones matutinas de un padre a su hija, las cuales decían: “lávate la cara, lávate las manos, límpiate la boca”.

Con el paso de los años, el mestizaje hizo que estas costumbres higiénicas, junto con las no tan higiénicas de los españoles, se entremezclaran para, en cierto modo, crear un retroceso por la imposición de la nueva cultura dominante.

Los cambios culturales son difíciles porque para que nazca lo nuevo, tiene que morir lo viejo. Esto no es nada sencillo en cualquier área de la vida de una sociedad. La zona de confort y el poder de las normas sociales complican los cambios.

En cuanto al dinero, existe una disciplina tan sencilla y al mismo tiempo de gran beneficio para nuestra prosperidad económica como el baño diario lo es para la salud. ¿Cuál es esta disciplina?

El registro diario de lo que se gana y de lo que se gasta.

Empecemos por analizar qué significa esto de registrar dinero en los hechos. Desde que somos niños, manejamos algo de dinero. Al principio, se suele dar un pequeño dinero para la escuela y, en algunas ocasiones, los fines de semana se da otra pequeña cantidad para esos dulces o chucherías.

Con el paso del tiempo y, en especial, en la vida adulta, ya no solo se maneja el dinero, sino que el adulto es el proveedor y administrador de los recursos económicos de una familia.

En los adultos, por costumbre, nuestro periodo de organización será semanal, quincenal o mensual, según nos paguen o definamos la administración de nuestro dinero.

Para muchos, sin embargo, su vida financiera comienza y termina con una claridad de cuánto les pagaron y una neblina de gastos irreflexivos que toman más atención cuando el dinero ya está cerca de acabarse. Y esto sucede esencialmente porque no llevan un registro de gastos diarios.

¿Por qué es tan importante el registro diario de gastos?

Después de llevar mis registros diarios de forma precisa desde hace cinco años, me he dado cuenta de que el problema no está en el registro y contabilidad diaria. Por supuesto, en ocasiones es molesto y aburrido. Pero también, lavarse los dientes e incluso bañarnos no es la gran fiesta (especialmente cuando hace frío), y sin embargo, quienes conocemos los beneficios de este acto lo hacemos por el valor a corto y largo plazo.

¿Qué es entonces lo que no permite realizar una contabilidad diaria de nuestros gastos?

La primera razón es cultural, como argumenté hace un momento. La gente no cree que eso sea fácil de realizar y, además, tiene connotaciones negativas al considerarse como una actitud de alguien mezquino o demasiado obsesionado con el dinero.

La segunda razón es que no tienen un sistema claro para ocupar de mejor forma el registro. Un presupuesto sencillo que sea útil para llevar una reflexión sobre sus gastos. Algo como un Kakebo en Japón, un espacio para la contabilidad personal como proponía Benjamín Franklin en Estados Unidos o incluso la libreta de ahorro muy utilizada en Alemania. Incluso estrategias muy antiguas como separar tu dinero en sobres que tendrán el dinero del mes para ciertas categorías de gastos. Son conocimientos que no requieren mayor dificultad, pero sí paciencia para dominarlos. Es algo esencialmente técnico, pero que es fácil si se vuelve cultural. Por cierto, es algo que desde las escuelas primarias y secundarias se puede enseñar mediante educación financiera.

México tiene ahora previsibles tiempos de prosperidad por factores económicos coyunturales. Como alguna vez me dijo un tío de Teocelo sobre el dinero: “hay veces que el pato nada y hay veces que ni agua bebe”. En tiempos de prosperidad, se tiene que ahorrar e invertir para los tiempos donde el pato ni agua bebe.

La mejor forma de comenzar ese camino es llevar un control de gastos para ir creando conciencia de dónde están nuestros gastos y posteriormente, poco a poco, ir mejorando al gastar. Esa disciplina tan simple ha creado más riquezas de las que nos imaginamos.