En su Historia Moderna de México don Daniel Cosío Villegas titula “La República Restaurada” al último tomo dedicado a dar cuenta de la periodo post Maximiliano. Algo equivalente sucede en estos tiempos de incertidumbres mundiales desatadas por orates poderosos. Algo similar pasa con el gobierno actual que reconstruye el Estado benefactor resultado de los acuerdos entre facciones revolucionarias. Un Estado donde cabían, se escuchaba y procuraba equilibrar o al menos compensar los costos de los intercambios económicos de la economía capitalista. De ahí la estabilidad del milagro mexicano de estabilidad política y crecimiento económico durante tantas décadas. De ahí la aprobación del gobierno pese a las extraordinarias adversidades que ha enfrentado. Es un referente a nivel regional y mundial. Pertenece a una lógica distinta, no neoliberal. Desde ahí y previendo la andanada de rosarios y retahílas reconvenientes por haber incorporado a la Guardia Nacional a la coordinación del Ejército, que tanta alarma causa entre las buenas conciencias, y en consideración a la delicada situación por la que pasa el mundo por la provocadora belicosidad del gobierno demócrata estadounidense, debilitado en el escenario internacional y en el doméstico, cosa que, estando armado y comprometido en la lógica neoliberal lo hace muy peligroso, como ya ha demostrado.
Los organismos internacionales han permanecido callados ante las atrocidades cometidas en nombre del modelo desde la Segunda Guerra Mundial. Algo que contradice el espíritu de su propósito. Pero especialmente preocupante es cuando el mundo pareciera dirigirse con alegría carnavalesca hacia una conflagración entre potencias nucleares.
Es imperativo detener las lógicas del enfrentamiento y del dominio y sustituirlas por las colaborativas regionales. Los organismos multilaterales penosamente han callado ante las provocaciones estadounidenses y eso es peligroso. Tiene, pues, sentido el llamado del presidente López Obrador a que la ONU asuma un papel activo para apaciguar los ánimos y permitir que hable la política. Cosa sobre la que algo tendrán algo que decir los emproblemados gobiernos europeos.






