Como todas las demás, la guerra de Ucrania se libra en dos planos, en el técnico militar sobre el terreno, y en el ideológico propagandístico.
Desde luego hay dos narrativas, la occidental se ha esmerado en presentar a Putin como un criminal de guerra. Es posible, pero improbable porque la narrativa occidental se ha construido sobre la idea de la heroicidad de un actor/productor de telenovelas que fue electo presidente por interpretar un personaje con las mismas características del presidente Zelenski. La novela se llamó El Servidor del Pueblo, producida, dirigida y actuada por el propio Zelenski y pronto será reproducida por Netflix. Incluso el nombre del partido que lo llevó al poder es igual que el de la telenovela. Justo por eso es dable sospechar que el presidente ucraniano es una construcción occidental para precisamente extender la frontera militar a los 6 mil kilómetros que tiene Ucrania con Rusia.
En la guerra propagandística Estados Unidos, Biden ha acusado a Putin de criminal de guerra. Pero lo cierto es que Rusia no ha hecho más que ocupar las zonas habitadas mayoritariamente por rusos (Donetsk, Luhansk) y una franja relativamente ancha a lo largo de la frontera. Esto según los propios mapas de las agencias periodísticas occidentales. Sin embargo, en la narrativa que construyen las noticias occidentales se desgarran las vestiduras con historias lacrimógenas por los crímenes de guerra rusos. Desde luego son posibles, pero no se han probado.
Cosa muy distinta de lo que pasa con Israel y la guerra de exterminio emprendida contra los palestinos, reducidos a la Franja de Gaza y a territorios al norte alejados del mar (Cisjordania). La permisividad norteamericana occidental con el estado neofascista de Israel es chocante. Y más ahora que de Israel han salido programas invasivos de espionaje telefónico (Proyecto Pegasus), además de ser refugio para criminales internacionales. Entre ellos dos mexicanos: Tomás Cerón, que facilitó el montaje del basurero de Cocula cuando el crimen contra los estudiantes normalistas de Ayotzinapa mientras era director de la Agencia de Investigación Criminal, y el ex diplomático y académico Andrés Roemer, acusado de decenas de violaciones.
Hoy, el Estado de Israel es uno criminal que espía y protege criminales internacionales e infecta teléfonos de opositores a los regímenes delincuenciales que asuelan al planeta.






