Durante la conmemoración del 108° aniversario de la Constitución de 1917, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo anunció el envío al Congreso de una iniciativa de reforma constitucional para prohibir la reelección en todos los cargos de elección popular, reafirmando así el principio de no reelección consagrado hace más de un siglo. Asimismo, presentó una propuesta para erradicar el nepotismo electoral, estableciendo la prohibición expresa de que un familiar suceda de manera inmediata a otro en cualquier puesto de elección popular.
Ambas iniciativas representan un avance democrático significativo, aunque será fundamental conocer los detalles sobre la prohibición del nepotismo: si incluye únicamente a parientes consanguíneos y hasta qué grado, o si también se extiende al cónyuge.
Si bien la reelección no es incompatible con la democracia —como lo demuestran sistemas políticos de otros países—, la historia de México ha demostrado que permitir la permanencia en el poder más allá de un período suele traer más problemas que beneficios, representando un riesgo para la estabilidad republicana. Ejemplos como el interminable ir y venir de Antonio López de Santa Anna, la prolongada dictadura de Porfirio Díaz, el caciquismo del Maximato, e incluso la reelección de Benito Juárez, dejaron una marca en la memoria del país, consolidando el principio de no reelección como un precepto innegociable.
Sin embargo, esta convicción fue traicionada en 2013 y 2014 por los partidos que impulsaron el Pacto por México, quienes desmantelaron el espíritu social de la Constitución de 1917 y culminaron tres décadas de políticas neoliberales. La Constitución original, pionera en su época, garantizaba derechos sociales fundamentales como la protección laboral, la educación gratuita y la tenencia colectiva de la tierra, conquistas logradas tras la lucha revolucionaria contra la dictadura porfirista y el usurpador Victoriano Huerta.
Las iniciativas presentadas por la presidenta Sheinbaum —al igual que otras promovidas por su administración y la de su antecesor— no surgen de un vacío político ni de una ambición personal. Representan la reivindicación de las conquistas populares que sentaron las bases del Estado mexicano como una nación con un profundo compromiso social, en contraposición al modelo neoliberal que redujo al Estado a un ente limitado al saqueo de bienes públicos y a la represión.
Este esfuerzo no solo busca recuperar los principios fundamentales de la Constitución original, sino también fortalecer y ampliar los derechos de nueva generación que los constituyentes de 1917 no pudieron prever, como la igualdad de género, el reconocimiento de la diversidad sexogenérica, la tolerancia, los derechos de los pueblos indígenas y la protección del medio ambiente.
En suma, esta propuesta representa un hito en la consolidación de la democracia mexicana y es de esperarse que prospere en el Congreso hasta convertirse en ley, para fortalecer la vida política del país y garantizar que el poder permanezca siempre al servicio de la ciudadanía.






