Orizaba, Ver.- El incremento de casos de desaparición de personas en el estado y los mil 300 cuerpos, alojados en los forenses de Veracruz y en fosas comunes sin identificar. son los factores que agravan la crisis humanitaria que viven alrededor de 8 mil familias veracruzanas quienes enfrentan la desaparición de un familiar; la Comisión Estatal de Búsqueda (CEB) “solo es una plataforma que sube y baja fichas de desaparecidos y coloca cintillos de aparecidos con vida o con un moño de luto”, refiere Noé Zavaleta, autor del libro Las buscadoras.
La desaparición de personas, dijo, “ya se considera una crisis humanitaria y no ha tenido cambios positivos significativos desde que inició a la fecha. Las desapariciones actualmente continúan; con Javier Duarte, el registro de su gobierno cerró en casi 4 mil desapariciones, pasó el bienio de (Miguel Ángel) Yunes y lo de que va del actual, debemos andar entre las 7 u 8 mil desapariciones”.
El único cambio positivo, dijo, “y es entrecomillas es la creación de la Comisión Estatal de Búsqueda, que no es otra cosa más que una plataforma en donde se reportan las desapariciones, sin haber denuncia de por medio suben la ficha de búsqueda, si se localiza con vida, pondrán un cintillo que dice localizado y si es sin vida, colocan el mismo cintillo con un moñito de luto.
”La CEB es una oficina burocrática, de pura plataforma. Subir fichas, bajas fichas, actualizar y demás. Cuando se anunció su creación, muchos colectivos de Veracruz pensaron que iba a ser una oficina que trabajara y exigiera a la fiscalía especializada que los ayudaría a buscar a sus seres queridos, pero eso no se realiza.
”También vemos con cierto optimismo que se creó el centro forense en Nogales, pero la identificación de cuerpos es muy lenta en los servicios forenses, la misma fiscal, Verónica Hernández Giadáns, lo ha admitido, hay más de mil 300 cuerpos sin identificar en los distintos forenses del estado y en las fosas comunes. Hay pendientes de reabrir las fosas comunes, por ejemplo, el panteón municipal de Palo verde que se hizo en entierro irregular de 295 personas”.
Hay otros panteones, dice, por ejemplo, El Chico, que es de menos de 200 tumbas y hay 29 cuerpos que fueron enterrados en la categoría de no identificados. Hay un pequeño panteón de una congregación del municipio de Emiliano Zapata y que tiene un número elevado de cuerpos sin identificar.
“Al inicio de la actual administración federal, se declaró que ya era una crisis humanitaria el tema de las desapariciones y que se iban a atender. Se puede preguntar colectivo por colectivo de Veracruz y ¿quién te puede decir o reconocer que este gobierno está avanzando en la identificación de cuerpos? Es muy lento. En las Colinas de Santa Fe, se sacaron 299 cráneos con 17 mil fragmentos óseos y se han identificado menos de 70 personas, sobre 300. El avance es lento y está entrando en su último tercio y el tema sigue ahí y sigue creciendo, sigue muy vigente”.
Noé Zavaleta presentó su libro Las buscadoras, que recoge testimonios y crónicas, “es un homenaje a aquellas madres que incansablemente se dedican a buscar a sus seres queridos por todo el país. Es un recorrido por los distintos colectivos de Veracruz, en donde hay 15 colectivos de mayoría mujeres que están buscando a sus hijos en el norte, en el sur, centro, en las zonas montañosas, en la capital del estado. Es un recorrido por Michoacán, Jalisco, Guerrero, de señoras que hacen trabajo que el Estado no ha querido hacer y que no se ve voluntad por encontrar a los cientos y miles de personas enterradas en fosas clandestinas, en lo más recóndito de la montaña, en casas de seguridad, como es la nueva modalidad.
”Hay un capítulo que alude específicamente al colectivo Familiares de Desaparecidos Orizaba-Córdoba, quienes igual son mujeres que están haciendo el trabajo de la Fiscalía General del Estado, lo hicieron en Río Blanco en una zona montañosa, ahora lo están haciendo en la congregación de Campo Grande en Ixtaczoquitlán, que se ha querido minimizar”, sostiene.
En el caso específico de Veracruz, este problema inicia en noviembre del 2011, “cuando se dan las primeras desapariciones, llevamos 12 o 13 años con este problema en el estado, arrancó en noviembre del 2011 con la desaparición colectiva de 11 jovencitas en la capital del estado, que fueron levantadas de dos discotecas y llevadas a una narcofiesta y ahí se perdió pista de ellas. También está el caso de la desaparición de Rubí Jiménez, hija de Aracely Salcedo”.






