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Biomecánica del gol récord de Messi

Por Pablo Samuel Luna Lozano

El pasado 16 de junio, en el primer partido de la selección de Argentina contra la selección de Argelia en la copa del mundo de la FIFA 2026, Lionel Messi anotó tres goles. Con el último, empató el récord de más goles anotados en copas del mundo (16), que ostentaba Miroslav Klose desde hace 12 años. Analicemos la biomecánica de ese gol.

Messi recibió el balón cerca del borde de la media luna del área grande; 1.30 segundos después adoptó una postura biomecánicamente eficiente para golpearlo. Su cuerpo se inclinó hacia la derecha aproximadamente 25° con respecto a la vertical. Esta posición del tronco elevó la cadera izquierda y le otorgó a la pierna ejecutora el espacio libre necesario respecto al suelo sin riesgo de golpear el césped. Al mismo tiempo, el tronco se mantuvo recto o ligeramente adelantado con respecto a la cadera.

La pierna de apoyo, la derecha, absorbió de manera dinámica parte de la energía de desplazamiento del cuerpo. La rodilla se flexionó unos 16° para amortiguar la fuerza de reacción del suelo, que, en condiciones similares, puede alcanzar valores cercanos a tres veces el peso corporal. Esta flexión acercó el centro de masa del futbolista hacia el suelo, con lo cual se absorbe el impacto sin perder el equilibrio.

Aprovechando la inercia del movimiento y el soporte estable de la pierna derecha, la rodilla izquierda se flexionó unos 150°, con lo cual, los músculos extensores de rodilla se estiraron para almacenar energía elástica que, posteriormente, contribuyó a la aceleración de la pierna durante la extensión.

A partir de este punto, se inició el despliegue de la parte inferior de la pierna hacia el esférico. Los músculos extensores de la rodilla se contrajeron de forma explosiva extendiéndola para que la parte inferior de la pierna oscile hacia adelante como un péndulo de alta velocidad. Para aumentar la fuerza del golpe, la extensión de la rodilla sucedió de forma sincronizada con una rotación interna de la cadera y un desplazamiento del troco hacia adelante. Al momento del impacto, el cuerpo de Messi estaba inclinado unos 30° con respecto a la vertical con el tronco adelantado unos 10° con respecto a la pelvis.

Para golpear el balón con la parte interna del pie, el tobillo realizó una eversión (movimiento que hace que la planta quede orientada hacia afuera) combinada con una abducción de la punta del pie (lo alejó del centro del cuerpo). Esto ubicó la superficie del borde interno del pie hacia el balón. Justo antes del impacto, los músculos estabilizadores del tobillo se contraen con fuerza para bloquearlo, lo que hace que el pie se transforme en “un ladrillo”, golpeando al balón con una fuerza pico equivalente a una y media vez el peso del jugador en apenas 10 milésimas de segundo.

El contacto con el balón ocurrió en un punto inferior con respecto a su eje y lo expulsó con una velocidad aproximada de 25 m/s (90 km/h) en un movimiento hacia enfrente y hacia arriba con un ángulo de 20°. El movimiento hacia afuera del pie al golpear el balón, le imprimió también un movimiento combinado de rotación hacia delante y hacia la izquierda, lo que modificó su trayectoria y produjo una curvatura descendente hacia la izquierda. Tras recorrer la distancia desde el punto de disparo hasta la portería, en apenas 640 milésimas de segundo, el esférico atravesó la línea de gol dejando al guardameta sin oportunidad de atajar su movimiento.

Cabe aclarar que los ángulos y tiempos se midieron con un software de análisis de vídeo a partir de un vídeo disponible en redes sociales.

(El autor es profesor de Ingeniería Biomédica e Ingeniería en Instrumentación Electrónica en la Facultad de Instrumentación Electrónica de la Universidad Veracruzana)

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