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Boaventura de Santos, el Patriarca

María José García Oramas

El mundo académico de izquierda está conmocionado: una de las grandes figuras de la sociología latinoamericana, Boaventura de Sousa Santos, referente obligado sobre las epistemologías del sur, el pensamiento subalterno, el extractivismo y el epistemicidio, todos ellos conceptos emblemáticos que hacen referencia a los intercambios desiguales entre grupos sociales, no sólo relativos a la distribución de recursos económicos sino también entre las culturas, lo que produce la muerte del saber entre los subordinados, ha sido acusado de abuso sexual por tres de sus ex alumnas. Ellas han publicado un artículo titulado: “Las paredes hablan cuando nadie más lo hace”, texto que forma parte de un libro colectivo sobre el hostigamiento y abuso sexual en la academia.

Dado el escándalo que produjo esta publicación, se ha iniciado un procedimiento de investigación al respecto en sus instituciones académicas de adscripción, una en Portugal y otra en Estados Unidos, y se le ha separado de su puesto. Él negó los hechos y respondió a la denuncia describiéndola como “un acto miserable de venganza institucional y personal” y declaró que presentará una demanda formal contra sus ex alumnas.

Resulta que, como bien apuntan las autoras del artículo ya mencionado, el extractivismo y el epistemicidio también tienen un carácter sexual y no sólo se mata el cuerpo de las mujeres, también sus ideas y pensamientos.

El gran genio es también un gran patriarca y un abusador sexual. Y por más que esto nos sorprenda, no será la primera ocasión en que tengamos que reconocer que los pensadores de izquierda, si bien son capaces de reconocer las desigualdades sociales de clase, son ciegos y sordos frente a las desigualdades de género. Con lo cual, frente a la producción del conocimiento, las mujeres no solo se enfrentan a ser discriminadas en la vida académica por su condición de mujeres, sino que además tienen que soportar situaciones de violencia que implican que los varones se apropien de sus cuerpos, de sus ideas y de sus pensamientos.

La actitud de Boaventura de Sousa frente a los cuestionamientos que enfrenta no deja lugar a dudas de su postura patriarcal: primero, porque se aprovechó de su fama y prestigio para ocultar los abusos; segundo porque actuó siempre bajo el mismo modus operandum que consiste en seducir estudiantes jóvenes fascinadas por su pensamiento y por la deferencia que les brindaba y, finalmente, por su abrupta reacción ante la acusación que se le hizo, asumiéndose como víctima cuando en realidad él es el victimario. Desde luego, hay que destacar que el silencio cómplice de las instituciones académicas ha desempeñado un papel muy importante en esta lamentable situación.

Podemos separar las buenas ideas de las actitudes y conductas poco éticas de las personas que las crean? Pienso que no. La primera gran lección del feminismo es que lo personal es siempre político y por tanto, la forma en que actuó Boaventura de Santos necesariamente afecta su producción científica puesto que ésta ha sido producto del silenciamiento de las voces de las mujeres que lo han acompañado a lo largo de su vida académica, posicionándolas en un lugar subalterno para abusar de ellas física e intelectualmente.

Ninguna mujer destruye una trayectoria de vida por denunciar un abuso, lo único que hace es buscar justicia. Boaventura de Santos habrá de enfrentar las consecuencias de sus actos porque también para los patriarcas hay otoños e inviernos.

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