Nota: Los comentarios xenófobos de Eduardo Feinmann contra el pueblo mexicano —“los detesto con mi alma”— tras la eliminación de México en el Mundial, y la posterior amplificación de una versión falsa suya sobre supuestas amenazas del crimen organizado a la selección ecuatoriana por parte de Ricardo Salinas Pliego, motivaron una respuesta directa de la presidenta Claudia Sheinbaum en dos Mañaneras consecutivas (8 y 9 de julio), donde lo calificó de “pseudoperiodista” y “aliado de la derecha mexicana”. Ese episodio es el antecedente inmediato del perfil que sigue.
El periodista argentino Eduardo Feinmann dijo que detesta a los mexicanos con el alma. Antes de decirlo ya había fabricado, sin una sola prueba, una historia de cárteles mexicanos amenazando a jugadores ecuatorianos para que México avanzara en el Mundial. La Selección de Ecuador desmintió la versión al día siguiente. Feinmann no se retractó: la sostuvo al aire y la reforzó con un segundo video sin sustento. La secuencia, mucho antes que ser un desliz pasional futbolero, es un método de trabajo.
Ese método tiene historial propio y sentencias firmes. Fue condenado y pagó la multa máxima por imputarle falsamente un homicidio a Julio César Urien en su programa de A24. Años antes, en 2008, acusó en cámara a un docente militante del Partido Obrero de enseñarles a los chicos a quemar trenes; la Justicia falló después que la atribución fue total y sin verificar, causando un daño terrible al partido y al docente señalado. Un abogado lo acusó de recibir pago de un empresario para montar una operación mediática contra su contraparte en un litigio, presionando incluso al juez; Feinmann respondió que no le contesta a chantajistas. La Justicia investiga hoy presuntos vínculos comerciales suyos con una droguería señalada en la causa por sobornos en discapacidad, coincidentes con sus ataques recurrentes al sindicato que denuncia ese esquema.
Cuando el historial empezó a pesarle, buscó borrarlo. Litigó para bloquear el acceso a su propia biografía en Wikipedia y a los resultados de Google y Yahoo sobre su trayectoria. La Cámara de Apelaciones falló en contra: restringir esa información habría limitado el derecho constitucional a buscar y difundir ideas. El mismo hombre que invoca la libertad de expresión para no disculparse por lo que dijo de México, pidió a un tribunal que le apagara la luz a quien documentaba lo que él mismo había hecho.
Ese patrón tiene arquitectura política detrás. Feinmann conduce en medios cuyo trato con Javier Milei no es periodístico sino de acceso privilegiado, entrevistas frecuentes que ningún otro comunicador recibe pese al desprecio presidencial declarado por el oficio. Milei llama «gran maestro» a Alberto Benegas Lynch (h), presidente del consejo académico de Fundación Atlas para una Sociedad Libre, el nodo local de Atlas Network —la red que da nombre a este texto— que inyectó cerca de 7.2 millones de dólares en los think tanks que construyeron su ascenso. Diana Mondino, canciller de Milei, integró ese mismo consejo. Feinmann no recibe ese financiamiento directamente, opera como su vocero mediático, el que amplifica y normaliza el proyecto ante audiencia masiva.
La misma alineación se repite con Israel. Feinmann exhibe banderas argentina e israelí en su escritorio de A24, recibió reconocimiento de la Organización Sionista Mundial tras un viaje donde definió el ataque del 7 de octubre como terrorismo contra un Estado democrático y libre. Es la misma corriente que integra Milei con su kipá en el Muro de los Lamentos y su ruptura de la neutralidad histórica argentina en Medio Oriente, la misma que comparte foros con Trump y Bolsonaro en el circuito CPAC.
Cuando Ricardo Salinas Pliego, dueño de TV Azteca y deudor fiscal declarado en disputa abierta con el gobierno mexicano, compartió como verídica la versión de Feinmann sobre el supuesto amague narco a Ecuador, el círculo se cerró. Sheinbaum lo dijo con precisión, transitividad: si este periodista odia a los mexicanos y la derecha mexicana lo respalda, esa derecha comparte el sentimiento. Feinmann respondió llamándola «socia de los narcotraficantes de su país y del mundo»: la misma ecuación izquierda-narco que Atlas Network exporta contra todo gobierno progresista de la región, la usó él mismo para cerrar el círculo.
Feinmann no es un exabrupto aislado ni una rareza televisiva. Es la pieza mediática de una corriente con financiamiento identificado, alianzas documentadas y un historial judicial que él mismo intentó sepultar, puesta al servicio de deslegitimar cualquier proyecto que se aparte del guion que esa red exporta por todo el continente.
Trayectoria documentada
– 2008 — Acusa en cámara a un docente del Partido Obrero de instigar a quemar trenes sin verificar el dato; condenado años después por difamación.
– Causa Urien — Imputa falsamente un homicidio a Julio César Urien en A24; condenado, pagó la multa máxima.
– 2013 — Litiga contra Google, Yahoo y Wikipedia para bloquear el acceso a su propia biografía; pierde en la Cámara de Apelaciones.
– Causa ANDIS (en curso) — Investigada su relación comercial con droguería señalada en la causa de sobornos en discapacidad.
– Julio 2025 — Participa, junto a otros conductores oficialistas, en el montaje de una noticia falsa contra jóvenes manifestantes.
– Junio-julio 2026 (Mundial) — Difunde sin pruebas amenazas narco de México a Ecuador; declara «detesto a los mexicanos, los detesto con mi alma». El 8 de julio ofrece disculpa pública que revierte en el mismo acto, llamando a Sheinbaum «socia de los narcotraficantes».
El viernes 14 de julio retoma el ataque desde X. La campaña no se detiene: es una operación sostenida, no un arrebato.




