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El Fut, la Guerra, Dios

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2026 es el año en que se guardará en la memoria de la humanidad como el principio de una nueva contabilidad histórica: Si bien es cierto que la data de los encuentros mundiales de fut bol tiene una fecha no muy lejana (1930, cuando se realizó el primero en Uruguay), la creación del fut bol es contemporánea a la primera guerra mundial (1914) y es hoy, cuando tiene lugar el 23 ceavo encuentro, cuando podemos hablar de la instauración completa de la religión del juego.

Siendo un territorio que siempre es reflejo de la guerra, el fut bol vive la fuerza épica de las potencias ancestrales y atávicas del clamor colectivo, ceremonial global, corporal masivo y por supuesto digital, como nunca antes se había visto, donde México está a la cabeza de esa vocación sacro militar.

“Somos unos guerreros”, dijo Javier Aguirre. No hay mejor definición para referirse a la esencia de la representación que montan los jugadores con normas estrictísimas, señaladas en vivo y en tiempo digital, el VAR, que ahora sí, no deja nada fuera de la ley. Ni pensar que pueda haber una “mano de Dios”.

En efecto, 2026 marca la fecha donde el fut bol es el completo relevo de la cristiandad y la fe musulmana. Solamente quedan fuera dos países, precisamente contra los que occidente prepara la guerra: Rusía y China. El primero sancionado por su guerra de Ucrania, y la ausencia de China se debe a la corrupción interna, falta de cultura futbolística colectiva y una mala gestión.

Pero vino Irán. Unos guerreros que han puesto el pie a la puerta que se cerraba y significan con su presencia la nueva guerra.

En los años de la guerra de trincheras en Europa nacía el futbol como invención inglesa, que a diferencia del cricket se expandió rápidamente y entró a otros países como un balón que anunciaba el ataque con armas, el fusil con bayoneta calada, porque si la eliminación del enemigo mediante disparos lejanos hubiera de fracasar por alguna razón, esta arma permitiría regresar a la perforación directa (aristocrática y arcaica) desde una distancia cercana.

Un estudioso del tema expresa que el cricket es bueno para fomentar el verdadero espíritu, pero aún es mejor el fútbol y citando a autores que escriben obras de propaganda bélica señala: nuestros soldados son individualistas. Se lanzan a pequeñas empresas individuales. El alemán no es tan hábil para esos menesteres. Nunca los aprendió antes de la guerra, y su entera preparación, desde su niñez, ha sido obedecer, y obedecer todos a la vez.

Y la razón es muy sencilla. No se dedican a juegos individuales. El fútbol, que desarrolla la individualidad, ha sido introducido en Alemania en tiempos relativamente recientes.

Un lord, autor de uno de estos impresos de propaganda que acompañaban las acciones militares, observa que las tripulaciones inglesas de los tanques son jóvenes temerarios que, sabiendo de sobra que se van a convertir en blancos especiales de cualquier arma prusiana, se entregan a su tarea deportivamente, con el mismo alegre entusiasmo que muestran en el fútbol.

Una de las maneras de mostrar el espíritu deportivo era dar un puntapié a un balón de fútbol mientras se avanzaba hacia las líneas enemigas. Esta modalidad simbólica del juego se exportó más allá del frente occidental, hasta Turquía, cuando un soldado inglés informó en una carta a los suyos: “Uno de nuestros hombres tiene una pelota de fútbol. Nadie sabe cómo llegó allí. De todas maneras, le dimos unas patadas y nos enfrentamos con las primeras armas turcas, regateando con la pelota”.

Otro episodio fue la hazaña de un capitán que compró en Londres, antes de partir al frente, cuatro balones de fútbol, uno para cada pelotón. Ofreció un premio al pelotón que durante el asalto enviara la pelota a patadas hasta las trincheras alemanas.
Un superviviente narra: Cuando el fuego de fusilería cesó vi a un oficial de infantería subir desde el parapeto hasta la tierra de nadie, haciendo señales para que lo siguieran. Al hacerlo, dio una patada a una pelota de fútbol. La pelota se levantó y voló hacia la línea alemana. Parece que fue la señal de avance.

Un periodista comentó: Los soldados llegaron dando puntapiés a los balones de fútbol y confundieron completamente a los de Postsdam. Con el último puntapié se encontraron ante ellos con las bayonetas, y aunque los berlineses pelearon valerosamente, confraterizaron con los mejores. Dos de esos balones de fútbol se conservan en museos británicos.

El balón entonces es el perfil de la divinidad que surge de los territorios de la guerra, que es decir, los de la muerte y la destrucción, la “belleza oscura de la violencia”.

En el campo de batalla México tiene un soldado sobreviviente de una guerra europea, Raúl Jiménez, que en la tierra originaria, el Belén británico, Emirates Stadium de Londres, Inglaterra, fue herido de la cabeza, una fractura de cráneo que lo tuvo inhabilitado ocho meses. Salió inconsciente en ambulacia a una sala quirúrgica. Es por ello que lo vemos con una diadema hecha a medida que le protege la sien.

Dios es una palabra que nombra una entidad relacionada con la desaparición, de ahí su invisibilidad (sobre todo musulmana). Surge en el preciso (precioso para los mexicas) instante de la muerte (guerrera). No por nada la presidenta Sheibaum en reunión con la divina dualidad (Trump-Infantino) refirió que México participa de la tradición del juego de pelota desde la cultura mesoamericana.

La estructura del juego está fundada en la velocidad y en los asertos a una casa redada, la matriz de la victoria y el lecho del fracaso. La esfera que tiene vida en los pies es una bala, de fusil, de cañón o una punta de bayoneta. Y esa vida redonda que flota, que se arrastra, que cambia de poder, es seguida por coros masivos de maldiciones o de vigores triunfales. Y el grito Diiioos cambia a las consonantes Gooolll.

Entonces en todos los rincones se organiza la liturgía, se preparan mesas, se tienden mantas floridas para poner botanas y bebidas. Así que -no frente a un crucifijo, no ante una grafia- sino de una pantalla, -nos agarramos de las manos y oramos por la gloria de nuestros soldados.¡Y vaya que los hay! Allí los ven los viejos que dan su calor a la leyenda, los dignatarios: Hugo Sánchez , Jorge Campos, Jared Borguetti, Oscar el Conejo Pérez, Andrés Guajardo y Carlos Salcido, cardenales con el Papa Gianni Infantino.

Nunca en México se había juntado tal multitud. Es la primera vez que más de un millón se reúnen bajo El Angel, y muchos tratan de subir a su altura y ascienden arrojados en lonas al cielo, éxtasis luego de una victoria militar inconcebible.

Que hay desgracias por ello. Sí, hay sacrificios. Nada significativos si los comparamos con los de otros tiempos, los arcaicos o los medievales. El señor Roberto Arellano Severo, durante los festejos rituales por el triunfo de la selección, en La Paz, Baja California, falleció luego de ser linchado por la multitud, a la que echó encima su vehículo, atropellando a 17 personas, después de ser zarandeado junto con su familia, con la que viajaba, entre ellos dos niños.

Dos personas fallecieron sofocadas en los festejos de la ciudad de México. Saldos que son cortocircuitos y simbolizaciones de esa primitiva pulsión que emerge con el fut: Guerra, Dios, sacrificio.

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