Partidos políticos de oposición y la fauna malqueriente de medios de comunicación diversos magnifican los incidentes sucedidos durante las jornadas de fin de semana en que se hizo público y participativo el proceso de renovación de la dirigencia de Morena. En efecto, hubo incidentes y por su número fueron marginales.
Hay cierta ironía sarcástica en que la alianza opositora despotrique y vitupere contra Morena por esos incidentes y los llame antidemocráticos, cuando fueron los partidos de oposición quienes nunca le preguntaron a sus militantes si querían aliarse entre ellos. La alianza opositora se constituyó sin jamás haber consultado a sus bases si estaban de acuerdo. Al final del día es en ése lado de la oferta política donde no han podido deshacerse de un sujeto como Alejandro Moreno, exhibido repetidamente en su ruindad y maledicencia. Esto, por las propias reglas internas de ese partido. Lo mismo sucede con el PRD, prisionero de una dirigencia que lo lleva a su desaparición y cuyo papel en la alianza opositora es completamente irrelevante.
El proceso del fin de semana, al margen de las incidencias, es un ejercicio didáctico. Lo cierto es que la cultura política mexicana no tiene tantos reflejos democráticos como autoritarios. Algo que es necesario cambiar si lo que se quiere es un sistema de convivencia y desarrollo que beneficie a todos. Lo opuesto a la imposición neoliberal de cuatro décadas presidida por el autoritarismo del sistema político posrevolucionario y corrompido por los modos neoliberales.






