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Tiempo de definiciones para los morenistas

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La Faena

La formación de grupos afines y la discusión interna al contrastarse ideas y visiones diferentes son una realidad que tiene lugar dentro de los partidos políticos. Que exista diversidad de facciones es algo lógico y natural y representa la manifestación de las diferencias entre los grupos que cohabitan en el partido.

Esto mismo lleva a que dentro de una misma organización se articulen intereses divergentes, alterando en cierta medida la dinámica interna del partido. Existen dos tipos distintos de conflictos internos: entre las facciones que conviven dentro del partido o entre las facciones y las dirigencias nacionales.

Así pues, las diversidades de opinión entre grupos internos por lo general se dirimen sin mayores afectaciones y hasta resultan útiles para aclarar las distancias ideológicas o visiones programáticas de las facciones. En el segundo caso, las diferencias entre las facciones y la dirigencia nacional del partido pueden tener implicaciones de mayor calado para la organización.

Con lo que actualmente sucede con Morena en Veracruz, puede verse que no se trata de una disputa al interior del partido entre las dirigencias local y nacional, pues no tiene como trasfondo la competencia por los recursos de la organización o la ocupación de lugares estratégicos dentro de la misma. Es decir, la desaveniencia entre la gobernadora Rocío Nahle y el jefe de la facción de Morena en el Senado, Adán Augusto López, no se encuadra en un conflicto intrapartidista, sino más bien parece ser la afanosa insistencia del tabasqueño por la búsqueda del reacomodo de los recursos y la capacidad de acceder a lugares estratégicos dentro del partido.

Utilizando los escombros del desprestigiado Clan Yunes y argumentando que el panista Miguel Ángel Yunes Márquez le hizo un gran favor a la patria votando junto con Morena para la aprobación de la Reforma Judicial, el exgobernador de Tabasco gestionó inmunidad y protección a una familia entera acusada de cualquier cantidad de actos de corrupción, abuso del poder y hasta pederastia.

En esa zona de incertidumbre que se genera, aparecen también las contradicciones anidadas en el partido-movimiento desde su fundación y también—como es el caso de Morena en Veracruz—se vislumbran desde ahora las disputas electorales internas por curules y otras posiciones, y señaladamente, la lejanísima por la sucesión gubernamental.

El jaloneo llegó ya hasta la confrontación de refilón entre el dirigente estatal, Esteban Ramírez Zepeta, y el senador Manuel Huerta Ladrón de Guevara. Mientras el legislador insistía ayer en conferencia de prensa que en la lista de aspirantes a las alcaldías hay sobradamente casos de nepotismo, en los que alcaldes en funciones pretenden heredar a familiares el cargo, en una suerte de acusación tácita a un presunto desaseo en la conformación de las listas que gestiona la presidencia estatal del partido, por su lado, el presidente del CDE de Morena le reviró afirmando que hay senadores que deben hablar de los Yunes y de la Carpeta Azul.

Y en efecto, Huerta Ladrón de Guevara ha escurrido el bulto y no ha abordado el que antaño era de sus temas favoritos: la acusación a los Yunes por enriquecimiento ilícito, además de acusarlos de perseguidores de morenistas y de encabezar una campaña de desprestigio en contra de López Obrador. Notoriamente, se ha replegado y mantenido al margen de la iniciativa de Nahle García para demandar a Morena la no afiliación al partido de Yunes Márquez.

Fiel a su conocida tradición entre la izquierda veracruzana de atlacuacharse en tiempos en los que se exigen definiciones, ha tratado de desviar la atención hacia otros temas. Por ello, y sin decir su nombre, Ramírez Zepeta lo tildó de senador tibio y lo acusó de falta de compromiso para ser crítico contra quienes han agraviado al movimiento y a los veracruzanos.

La ausencia de Huerta en la discusión en torno a la incongruencia de afiliar a uno de los más antilopezobradoristas de Veracruz tiene dos vertientes: es una toma de distancia y desconocimiento de quien es virtualmente el jefe político del morenismo —la gobernadora del estado— y su alineación con el grupo político de Adán Augusto, con la fatua esperanza de que el tabasqueño lo apoye en su aspiración por sentarse en la silla del Palacio de Gobierno… Esta situación retrata con claridad al senador, quien se le ha visto muy contento al lado de Yunes Márquez.

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