Leah Rivas cursaba la preparatoria cuando entendió que para sobrevivir en el sistema educativo tendría que resistir. Leah, actualmente psicóloga y defensora de los derechos de las mujeres y las personas trans a nivel nacional, se enfrentó a un sistema educativo que no sólo ignoraba su identidad sino que la castigaba por ella.
Usar maquillaje, uñas pintadas o el cabello pintado de un color claro se convertían en motivo de sanción. Recuerda que cuando empezó a llevar falda fue todo un proceso dentro de la institución, pues se dio cuenta de la violencia machista que se replicaba en las aulas manifestada a través de regaños, como los que dirigían a las mujeres por no sentarse bien e “incitar a los hombres”.
“¿Por qué a nosotras nos regañan cuando vamos subiendo las escaleras y los hombres nos ven desde abajo con morbo?, ¿por qué a ellos no les dicen nada? ¿Por qué somos nosotras las que los ‘provocamos’ y no ellos los que nos vulneran de cierta manera? Todas estas situaciones fueron las que me empezaron a hacer clic sobre por qué nosotras no y ellos sí”.
Además, tuvo que enfrentar a la manera en que las instituciones normalizaban la violencia simbólica y estructural: incluso en espacios a los que era invitada por ser creadora de contenido en redes, la negativa a reconocer su identidad, así como el señalamiento por usar el baño de mujeres.
“Recuerdo que una compañera fue y le dijo a los directivos que le dio miedo porque sentía que le iban a hacer algo. Yo nada más entré a hacer pipí”.
Leah no se quedó en silencio. Estas experiencias fueron el motor que la empujó al activismo. Su primer acercamiento fue a los 16 años, cuando elaboró una nota sobre feminismo y personas trans que le valió un premio estatal. Desde entonces, su compromiso se fortaleció con el acompañamiento de la activista Yaz Bustamante, a quien Leah llama “mi mamá en el activismo”.
Reforma al Código Civil de Veracruz
Durante años, las personas trans en Veracruz tuvieron que litigar por su derecho a existir. Para cambiar su nombre y género en documentos oficiales, debían enfrentarse a un juicio de amparo, un proceso lento, caro y violento.
El 7 de abril de 2025, el estado de Veracruz reformó su Código Civil para permitir que las personas trans realicen su cambio de identidad de género por la vía administrativa. Esta modificación, aunque celebrada por activistas y defensores de derechos humanos, no resuelve del todo la deuda histórica del Estado con la población trans. La reforma llega tras décadas de exigencias, múltiples amparos y vidas vulneradas en un entorno legal y social hostil.
¿Qué es lo que ahora permite la ley?
Stephan Rodríguez, abogado, quien ha litigado muchos casos en defensa del derecho de identidad, puesto que es de la comunidad trans, explica que en Veracruz no existe la ley de identidad de género o la ley trans sino que se publicó recientemente en el estado fue un decreto por el cual se reforman determinados artículos del Código Civil de Veracruz.
Para Stephan el principal cambio que trajo la reforma no es sólo simbólico, sino jurídico: ahora, el derecho al reconocimiento de la identidad de género tiene un soporte legal directo, lo que permite una tutela efectiva del derecho al libre desarrollo de la personalidad.
La diferencia hoy es clara: una persona trans puede acudir al Registro Civil, solicitar el cambio de nombre y sexo en su acta, y obtener una nueva en un plazo no mayor a siete días. Antes, ese mismo trámite podía tardar hasta ocho meses.
“Ya no es necesario un juicio de amparo sino que nada más me apersono en la Dirección General del Registro Civil o en mi oficialía y realizo el trámite de manera administrativa”, añade.
Además de litigar casos en Veracruz y otros estados, Stephan ha empujado protocolos institucionales: fue el primer hombre trans que hizo el cambio en la Universidad Veracruzana (UV) y gracias a su caso, la casa de estudios creó un protocolo para hacer los cambios en los títulos.
En 2020, Stephan fue de los primeros en aprovechar un acuerdo administrativo emitido por el entonces gobernador Cuitláhuac García que de forma inédita permitió los cambios de identidad sin necesidad de juicio.
Hoy, con la reforma, el trámite ya está plenamente respaldado por ley. Este avance, aunque reciente, es el resultado de años de luchas y litigios.
Stephan recuerda que en 2005 una chica trans en Veracruz fue la primera en lograr que la Suprema Corte ordenara el reconocimiento de su identidad, sentando un precedente clave. Casos como ese fueron abriendo el camino para que dos décadas después el derecho se tradujera en una política pública clara.
“En su momento, cada quien tuvo que encontrar su propio camino legal: juicios de amparo, nulidad de acta, demandas ordinarias. Hoy por fin existe un mecanismo administrativo para acceder a un derecho que nunca debió estar condicionado”.
El vacío de los infantes, personas no binarias y el transfeminicidio
Aunque la reforma marca un hito, Stephan y Leah advierten grandes omisiones: no se incluye a personas no binarias, ni a niños ni adolescentes trans y no tipifica el transfeminicidio como delito.
“La ley no menciona a menores. Si un adolescente quiere su nueva acta necesita ir a juicio. Eso sigue vulnerando su derecho al libre desarrollo”, explica Stephan. Él mismo está preparando un amparo para un joven de 16 años que quiere iniciar la preparatoria con documentos acordes con su identidad.
Leah Rivas explica que como integrante de la Red Estatal Trans fue una de las impulsoras de la nueva ley de identidad en Veracruz. Participó en mesas de trabajo con funcionarios así como en el asesoramiento en la redacción legal y ayudó a cerrar vacíos que pudieran ser usados en contra.
Declara que se presentaron tensiones internas en esos lugares de discusión. Uno de los retos más complejos fue el reconocimiento de las identidades no binarias, pues muchas de las personas adultas que integran la red y participaron en las mesas de trabajo manifestaron incomodidad ante la existencia de identidades fuera del binarismo de género. “Para ellas, el binarismo existe: eres mujer o eres hombre”.
Esta resistencia dificultó la inclusión plena de las personas no binarias en el proyecto y, según Rivas, incluso hubo quienes de forma encubierta modificaron el proyecto antes de presentarlo para excluir explícitamente a las personas no binarias del alcance de la ley.
“Ahora la ley está adecuada para que solamente hombres y mujeres trans puedan cambiar su identidad. Entonces en esta ley no son reconocidas las personas no binarias”.
Sobre el transfeminicidio, Stephan es claro: “Tú te vas al Código Penal del Estado de Veracruz, buscas transfeminino y no existe. Existe el feminicidio, pero ese (término) no está dentro del catálogo de delitos que prevé nuestro Código Penal”.
De la identidad jurídica a la vida digna
“Veracruz ha sido de los estados más violentos hacia la población trans”, afirma Jocelyn Rodríguez, coordinadora estatal de Casa de las Muñecas Tiresias Veracruz. Desde su experiencia como mujer trans y activista, Jocelyn sabe que el reconocimiento jurídico es sólo una arista: la discriminación estructural persiste, sobre todo en salud, empleo y seguridad.
“Veracruz ocupa el segundo lugar nacional en crímenes de odio contra personas trans”, denuncia.
Jocelyn celebra la aprobación de la reforma pero subraya que lo que sigue es la ley de transfeminicidios, el cupo laboral trans y garantizar espacios públicos seguros.
“Ya no somos una comunidad. Somos una población”, afirma.
Por su parte, Leah afirma que todavía hay mucho por hacer para que los derechos de las personas trans sean respetados por completo.
“Sin estigmas y sin prejuicios más que nada”. Además, insiste en que las instituciones deben aplicar los protocolos de atención que ya existen desde 2010, pero que siguen teniendo vacíos legales.
Para Leah, la lucha no termina con el acta. “Más de 90 por ciento de las personas trans no tienen trabajo formal. No tener trabajo formal no te brinda una estabilidad económica y si estás luchando por una vivienda digna no tienes acceso a hormonas, no tienes acceso a cirugías y es eso, que esta ley mire todas estas realidades que vivimos las personas trans, porque no todas las personas tenemos los privilegios de ser estables económicamente y más siendo una persona trans en Veracruz, que es peligroso, excluyente, transfeminicida y que no hay trabajo para (este sector)”.
Expresa la urgencia de que los protocolos se conviertan en obligación, no en recomendación. “Hay capacitaciones, sí, pero no son suficientes. Las instituciones deciden si aplican o no. Y eso nos deja vulnerables”.
La urgencia de una lucha interseccional
Leah exhorta a la comunidad activista a la apertura de mente y la colectividad, pues hay activistas que piensan que esta lucha y este trabajo es personal y sólo acuden a las entrevistas sin pleno conocimiento del tema del que hablan y de lo que se trabaja.
“Respeto mucho el trabajo de los activistas en Veracruz, que en su mayoría son adultos ya mayores, tienen muchos años luchando. Pero también tenemos que entender que así como el activismo y la sociedad cambian, las luchas sociales también”.
Leah propone una lucha interseccional que reconozca los distintos tipos de violencia que enfrentan personas trans racializadas, trabajadoras sexuales, migrantes o con discapacidades. “No todas vivimos lo mismo, y no podemos ignorar las luchas que no nos atraviesan directamente. Tenemos que abrazarlas también”.
En medio de este contexto de logros parciales y exclusiones persistentes, la colectividad sigue siendo el arma más fuerte.
“Es un avance en materia de derechos humanos, porque nos brinda seguridad y resguardo político de nuestros derechos. Sin embargo, de esta ley se derivan otras más que deberían de ponerse en el pleno y deberían votarse en favor, porque el que seamos reconocidas legalmente no significa que se va a borrar toda la violencia que vivimos afuera. Es el primer paso para seguir reconociendo los demás derechos que nos son negados de manera histórica”, concluye Leah.






