La narrativa dominante en la prensa y medios de comunicación convencionales es casi divertidamente uniforme. Incluso los casos emblemáticos en términos de lucha contra el autoritarismo durante el periodo neoliberal optan por una narrativa hostil al gobierno y sus decisiones. Vehementes, critican en todos los tonos de alarma las decisiones que facultan al Ejército como operador de proyectos sociales y económicos. Proyectos estratégicos en la reconstrucción/ reconfiguración de un modelo de Estado y de economía nacionalista orientado a la autosuficiencia estratégica en energéticos y alimentos como la mejor forma de dar viabilidad a un modelo de Estado benefactor.
Justo acaba de pasar con el nombramiento de Leticia Ramírez en la Secretaría de Educación Pública. Están escandalizados. La señora no tiene ninguno de los atributos y competencias profesionales que la OCDE propone para el puesto y el modelo de educación. Ni remotamente. Por el contrario, es una maestra de escuela real, de salón de clases. Ya habrá tiempo para reflexionar sobre el perfil de la maestra, lo sustantivo del nombramiento es que es una ruptura conceptual y de hecho con el modelo acordado por el régimen neoliberal desde Salinas de Gortari. Un modelo enfocado a la habilitación de trabajadores para las necesidades empresariales y del mercado. Un modelo definido por la desvalorización de la educación como formación humanística y de conocimiento.
Ya se irá decantando el modelo educativo, al tiempo, por lo pronto lo urgente es reconstruir la relación entre el gobierno y los trabajadores de la educación, tan socavada desde que Salinas largara a Jonguitud Barrios del liderazgo del sindicato. Jonguitud pudo ser impresentable, un cacique sindical, pero el hombre era defensor de un modelo de educación pública opuesto a la homologación neoliberal con la OCDE. Por eso el golpe contra Jonguitud, la misma razón hubo para encarcelar a La Quina. Ambos eran caciques, sí. Ambos con historias negras por cobrar, pero ajenos a las intenciones privatizadoras y mediatizantes del neoliberalismo. Entre nombramientos, liberaciones y aprehensiones de todo tipo recientes, parece que el gobierno ha iniciado una etapa sustancialmente distinta en materia de saldos por cobrar que los gobernados exigen.






