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El Supremo Poder Conservador

Wenceslao Vargas Márquez

Spoiler: Estas líneas se proponen ser políticamente incorrectas. Se proponen rescatar la historia del Supremo Poder Conservador (SPC) que en los tiempos actuales ha sido tan duramente criticado desde el poder cuando se dice que tal o cual persona o grupo de personas de la Oposición se sienten y actúan “como si fuesen el Supremo Poder Conservador”. Se le entiende como una descalificación. Propondré que no necesariamente es tal.

La historia (ortodoxa) de México dice que nuestro país únicamente ha tenido tres constituciones políticas (coincidentes en el discurso político actual con lo que se ha dado en llamar las tres primeras transformaciones). Ellas son las de 1824, 1857 y 1917. El dato, aunque falso, se mantiene incluso en algunos libros universitarios de derecho que he podido revisar. En realidad a estas tres Constituciones hay que añadir el Estatuto de Iturbide, la Constitución centralista de 1836, las Bases orgánicas de 1843, el Estatuto de Maximiliano, y un (corto) etcétera. Es la olvidada Constitución de 1836, llamada de las Siete Leyes, la que tuvo en su estructura al SPC. De las siete leyes, el SPC estaba en la segunda. Al SPC lo conformaban cinco personas y sólo duró cuatro años, desde 1837 hasta 1841.

Léase con detenimiento el juramento que se pronunciaba para formar parte de él: “¿Juráis guardar y hacer guardar la Constitución de la República, sosteniendo el equilibrio constitucional entre los poderes sociales, manteniendo o restableciendo el orden constitucional en los casos en que fuere turbado, valiéndose para ello del poder y medios que la Constitución pone en vuestras manos?”. ¿Cómo no apoyar un impecable juramento así? ¿Qué buscaban con él nuestros abuelos? Poner fin a la permanente discordia en el país (¿no suena actual?). Poner a cinco ciudadanos mexicanos a que arbitraran los conflictos entre los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial de aquellos años.

Nuestra generación tiene otro conjunto de soluciones para el mismo problema pues sigue existiendo hoy mismo, ¿o ya no existen esos pleitos entre poderes? Pues bien. Nuestros abuelos idearon ese camino. ¿Cómo culparlos si lo que buscaban era un bien: una paz nacional permanente. Otro intento fue el Imperio de Maximiliano. No soy de los que creen que ese Imperio fue (únicamente) un gran acto de traición nacional. Considero que fue otro intento de solución.               

Nótese que el juramento dice que los integrantes del SPC buscan el equilibrio constitucional y su restablecimiento si se altera el orden cuando “fuere turbado”. Diversos especialistas han dicho, y yo coincido, que en cuanto a garantías individuales la Constitución de 1836 fue superior a la liberal de 1824. Es así porque aquella Constitución conservadora planteó (borrosos) antecedentes del juicio de amparo, de la declaratoria general de inconstitucionalidad y de la controversia constitucional, pero para comprender y aceptarlo hay que leerla completa, o al menos la segunda ley. El Museo de las Constituciones de la Unam tiene una copia (bit.ly/3qkhdKM) y los diputados otra, que me parece facsimilar (bit.ly/44TI7Il).

¿Y a poco sólo los conservadores intentaron un control de los conflictos entre los tres poderes públicos? No. Benito Juárez reflexionó al respecto y también habló de un cuarto poder. Un biógrafo suyo, el masón Rafael de Zayas, escribió respecto de Juárez en 1906: “Entre los actos públicos que sustentó en su carrera de estudiante, llamaron la atención los dos de Derecho público. El primero lo verificó en la noche del 30 de Julio de 1829 en que defendió las siguientes proposiciones: 1ª. Los poderes constitucionales no deben mezclarse en sus funciones; 2ª. Debe haber una fuerza que mantenga la independencia y el equilibrio de estos poderes”. ¿Qué es esta propuesta juarista que también recuperaron Pola, Tamayo, y otros biógrafos? Pues un cuarto poder equilibrador, igual que el conservador, pero éste esbozado por Benito Juárez una década antes del clásico y denostado SPC.

Yo defiendo al SPC por los temas que propuso, y por las difíciles circunstancias en las que los hizo. Me preocupa porque defenderlo no va en concordancia con los tiempos que corren. Horror. Confieso que con frecuencia despierto en altas horas de la noche agitado a causa de un pánico nocturno que me agobia: el que yo pudiese ser descendiente del monarquista José María Gutiérrez de Estrada (1860-67), o un lejano sobrino del promotor del SPC Manuel Sánchez de Tagle (1782-1847). Peor aún: tiemblo sudoroso cuando en las pesadas madrugadas (con sólo la nariz fuera de las cobijas) sospecho aterrorizado que soy un desconocido tataranieto de Lucas Alamán.

X: @WenceslaoXalapa

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