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El clima que se instala antes que el dato

ECP

El 14 de mayo, un video se volvió viral en horas: mostraba a Donald Trump abriendo, en la cena de Estado en Beijing, una carpeta perteneciente a Xi Jinping. Millones de personas lo vieron antes de que alguien verificara nada. La carpeta era del propio Trump. El rastreo posterior ubicó el origen en cuentas prorrusas. Para cuando la aclaración circuló, el clima ya estaba instalado: la sensación de torpeza diplomática, la humillación simbólica, la lectura geopolítica que millones de personas ya habían hecho suya. El hecho llegó tarde. El ambiente había llegado primero.

Ese es el método, y no nació ayer ni es exclusivo de un país. Consiste en instalar una percepción emocional antes de que exista el dato que la sostenga, y sostenerla el tiempo suficiente para que la corrección posterior ya no alcance a nadie. Andrés Manuel López Obrador identificó el mecanismo con tanta claridad que le dedicó un espacio fijo en su conferencia matutina, «Quién es quién en las mentiras», dedicado a documentar exactamente esto: la nota fabricada que circula como verdad mientras la desmentida agoniza en el olvido del algoritmo.

Claudia Sheinbaum hereda ese mismo blanco, con nombre y apellido detrás. En 2024, la dirigencia de Morena denunció ante el INE una operación de Atlas Network para desprestigiar al gobierno y a la entonces candidata a través de X, con presupuesto y coordinación identificables. No es acusación sin sustento: Atlas Network opera con financiamiento documentado de Exxon Mobil, Philip Morris y las fundaciones Koch, y su dirección para América Latina recae en Roberto Salinas León, sobrino del empresario Ricardo Salinas Pliego. La misma red fue señalada por analistas y periodistas de investigación como actor en la destitución de Dilma Rousseff en Brasil, el golpe contra Evo Morales en Bolivia y los procesos judiciales que sacaron de la contienda a Lula da Silva y a Cristina Fernández, hoy documentados académicamente bajo el nombre de lawfare.

El discurso que produce esa estructura tiene un tono reconocible. Voceros y think tanks afines han sido calificados por analistas latinoamericanos como reaccionarios, xenófobos y clasistas, con textos institucionales que atribuyen el rechazo social a la desigualdad a un supuesto «odio a los ricos» incrustado en el carácter latinoamericano. No es un desliz retórico aislado. Es la misma lógica que necesita instalar desprecio antes que argumento, ambiente antes que dato, para que la cifra o la sentencia, cuando finalmente lleguen, ya no puedan competir con la sensación que las precedió.

El patrón se repite con precisión casi mecánica en cada país donde opera: una carpeta que no era lo que parecía, un candidato al que se saca de la boleta antes del juicio, un gobierno al que se acusa antes de la investigación. La velocidad es la estrategia. La corrección, cuando llega, ya encontró la conversación en otro lado.

Veracruz tiene su propia carpeta abierta antes de tiempo. En días recientes circuló en Facebook, publicada por un comunicador local, una fotografía generada con inteligencia artificial que colocaba a la gobernadora Rocío Nahle en las gradas de un estadio del Mundial, con la camiseta de la selección puesta, un momento que nunca ocurrió. La imagen no necesitó texto ni acusación: bastaba la escena para instalar la lectura de frivolidad, de distancia con la tragedia que en ese mismo momento vivía el estado. Se retiró antes de que alguien pidiera pruebas, que es exactamente el tiempo de vida que este tipo de contenido necesita para cumplir su función.

Contra un método diseñado para adelantarse al hecho, la única defensa real es negarse a competir en su terreno. No se trata de ganarle en velocidad a la mentira, sino de sostener con paciencia lo que sí puede verificarse, aunque tarde más en instalarse que la imagen que combate.

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