La Faena
La otra izquierda y su vena “libertaria”
Ya hubo un primer intento de la “izquierda” histórica para hacerse del poder en el estado de Veracruz a raíz de la fundación del FDN y luego del PRD. Sus contradicciones internas, crisis de identidad y desgaste de liderazgos al aliarse con la derecha y terminar sirviendo de lacayos del expanista y ahora morenista Miguel Angel Yunes Linares —quien en su momento los persiguió, acosó y finalmente corrompió— les ha pasado una costosa factura ante la ciudadanía.
Todo ello les significó la pérdida de su registro como partido al haber abandonado sus valores y principios ideológicos. Sus remanentes viven ahora una esquizofrénica realidad y son rehenes de un afán destructivo en contra de la propuesta de la otra izquierda que ahora gobierna el país.
Su critica al movimiento lopezobradorista sostiene que éste no es una propuesta de izquierda ni que representa los valores que en su momento reivindicaban el PCM el PSUM u otras expresiones ideológicas.
Eluden el hecho de que no lograron conectar con la ciudadanía para concretar su proyecto político para acceder al poder.
Dicha exacerbada condena al movimiento de la 4T es una forma de lavar sus viejas culpas y justificar su fracaso bajo el delirante discurso pretendidamente crítico de los desertores que buscan un argumento que les sirva para reconfortarse y justificarse. Aliados con el PAN-PRI e inmersos dentro de una oposición amorfa, tienen como único propósito y propuesta destruir, desde la derecha, la difícil construcción del Estado benefactor que buscan llevar a cabo la presidenta Sheinbaum y los gobiernos afines.
Su regresión ideológica ha llevado a viejos comunistas y socialistas a alinearse con la derecha para juntos crear una nueva mitología liderada por el perredismo residual que encarna a la perfección en Guadalupe Acosta Naranjo y su membrete del Somos México, donde conviven tránsfugas del Frente Cívico Nacional, exministros de la Suprema Corte de Justicia, salinistas como Cecilia Soto, Diego Valadés, Manuel Clouthier, Adrián LeBarón, Ramón Cossío, el racista de Lorenzo Córdova y la nueva ultraderecha que representa el deudor hacendario, Ricardo Salinas Pliego.
En Veracruz, las células de Somos México tiene similares perfiles ideológicos y profesionales de saltimbanquis de la política que han militado y buscado oportunidades políticas en todos los partidos, como es el notabilísimo caso del exrector de la UV, Raúl Arias Lovillo, un connotado converso de aquel perredismo residual que quiere revivir en Somos México, además de otros comunistas aldeanos de menor catadura.
Como se puede ver, esa vieja izquierda está ya parasitada por esta agrupación de notables cuya mayor contribución al país ha sido la de servir a los intereses de los grupos dominantes y a tratar de destruir la propuesta social de la 4T que, en efecto, como todas las expresiones políticas tiene claroscuros y debe perfeccionarse.
Lamentable, que en ese afán de que nada es suficientemente venenoso para destruir una idea de gobierno que, dicho sea de paso, cuenta con la aceptación popular mayoritaria, se desestime el bien mayor de todos los mexicanos, de lo cual ninguna de sus arengas se ocupa.
Estos conversos no poseen una propuesta política real, solo enarbolan una retórica furiosa, que busca acomodarse a la amalgama de intereses que ahí confluyen. La vieja izquierda regresiva está embriagada de una irracionalidad que odia, que destruye, pero que no propone más allá de los lugares comunes de los nuevos libertarios, al estilo del pelucas Milei.
En su primera intervención, en febrero de este mismo año, y ya investido como presidente de Somos México, Acosta Naranjo aseguró que ninguna persona dirigente podrá aspirar a un cargo de elección popular. Y sostuvo: “La lucha central no es entre derechas e izquierdas, sino entre demócratas y autoritarios. Los autoritarios no tienen espacio en Somos MX bajo ninguna circunstancia”, e indicó que el plan de acción incluye la recuperación de las instituciones democráticas que deben de proteger derechos, libertades y poner límites a los abusos del poder. “La lucha es por la defensa de libertades”, dijo.
Todo un libertario, pues. Sólo le faltó concluir con un “¡Viva la libertad, carajo!”.






