Estimado periódico La Jornada Veracruz, quisiera ejercer mi derecho a réplica del artículo “Chismes, murmuraciones y calumnias a la orden”, publicado por Edgar J. González Gaudiano en la columna de opinión el 6 de septiembre de 2025. Dicho artículo es, a su vez, una réplica al escrito el 5 de septiembre de 2025 por el Dr. José Rigoberto Gabriel Argüelles, titulado “El problema cuando cualquier persona pueda interpretar la Legislación Universitaria”, en relación al problema que vive la Universidad Veracruzana (UV) con respecto a la prórroga de su actual rector. En dicho artículo, el Dr. Gabriel Argüelles hace mención directa al caso en el cual el Dr. González Gaudiano se apropió de la titularidad de la tesis doctoral de mi estudiante Maike Kreisel, la cual nunca asesoró.
Escribo esta réplica porque el Dr. González Gaudiano menciona como “chismes, murmuraciones y calumnias” lo que señala el Dr. Gabriel Argüelles. Pero no lo son. El Dr. Gabriel Argüelles conocía este caso porque se vio implicado, a petición mía y de mis estudiantes, cuando tenía a su cargo la Dirección General de la Unidad de Estudios de Posgrado (DGUEP) de la UV. No he platicado con él desde entonces y tampoco me agrada estar en esta cadena de mensajes. Sin embargo, me veo obligada, ya que el Dr. González Gaudiano hace alusión directa a mi estudiante y al proceso en el que estuvimos implicadas.
No es posible que la verdad y las evidencias tengan tan poco valor en estos tiempos y que sean tan fáciles de esquivar con solo cambiar el enunciado de un artículo. Mucho más preocupante es que esto ocurra en un medio científico como lo es la Universidad Veracruzana y que lo provoque un académico reconocido en la Academia Mexicana de Ciencias y emérito del Sistema Nacional de Investigadores/as de la SECIHTI.
Fui profesora-investigadora del Instituto de Investigaciones en Educación (IIE) de la UV desde 2008 a 2016, año en el cual el Dr. González Gaudiano era director del mismo. También en ese año empecé a ser objeto de acoso laboral, razón por la cual participé en un concurso público de otra universidad, fui seleccionada y renuncié a mi plaza en la UV. En ese momento yo tenía a cargo diversas direcciones de tesis. Hice saber al director del IIE que no quería que mi renuncia afectara a mis estudiantes y que me comprometía con ellas en lo relativo a mi acompañamiento como directora. Pero me hicieron saber que mediante acta del Núcleo Académico Básico del 30 de agosto de 2016, posteriormente respaldado por el Consejo Técnico, se decidió que otros/as académicos/as asumieran la dirección de las tesis de mis estudiantes, argumentando problemas normativos ante el CONACyT y la DGUEP de la UV.
Les expuse que me parecía poco ético adjudicar la dirección de tesis a quienes no habían realizado ningún trabajo, en especial en el caso de Maike Kreisel y Gialuanna Ayora, quienes ya tenían un avance del 90% de sus tesis doctorales.
Escribí al CONACyT y a la DGUEP para verificar lo que tanto González Gaudiano como el Consejo Técnico (el cual dirigía en su calidad de director), estaban señalando como impedimentos normativos para sustentar la titularidad de la dirección de las tesis de mis estudiantes. Finalmente, el 26 de noviembre de 2016 envié un correo al Dr. González Gaudiano que contenía las respuestas que el CONACyT y la DGUEP de la UV habían realizado a mis preguntas sobre la dirección de mis estudiantes.
Los oficios anexados indicaban, grosso modo, que no había impedimento por parte de ellos para que yo fuera la directora de los trabajos de titulación que estaba realizando. Particularmente, la DGUEP indica en su oficio que el único impedimento administrativo era el relativo a la firma de las actas de las materias en las que estaban comprometidas mis estudiantes. Aspecto, por lo demás, comprensible. Pero insistí en que no poder firmar unas actas de unas materias no era excusa para otorgarse la co-dirección de un trabajo a quien no la había realizado. El argumento y el respaldo que yo proporcionaba mediante los oficios pareció no importarle, ya que nunca respondió a mi correo y continuó con su intención de aparecer como co-director.
Tuve claridad en ese momento de que no estaba preocupado en atender una norma, un problema administrativo o agilizar una titulación. Todo lo contrario, rechazó el valor de los oficios que le envié y retrasó la titulación de mis estudiantes. Lo atestiguan todos los mails que me puse a revisar en estos días. Parecía solo querer imponer su decisión, respaldado por un Consejo Técnico en el que estaban también los responsables del acoso laboral que me hizo renunciar a la UV.
Mientras tanto, mis estudiantes también habían escrito a las autoridades correspondientes indicando que querían continuar con mi dirección de tesis y que no veían impedimento normativo para ello. Otros colegas del IIE renunciaron por su parte a la petición del Consejo Técnico de figurar como co-directores en portadas de tesis a las cuales no habían realizado ningún aporte, por considerarlo una acción poco ética. No así el Dr. González Gaudiano, quien se empeñó hasta el final, exigiendo que su nombre apareciera en la portada para poder comenzar el proceso de consulta con sus sinodales de cara a la defensa pública de los trabajos de mis estudiantes. Por mi parte, seguí asesorando hasta el final el trabajo de mis estudiantes.
El caso de Maike Kreisel me parece especialmente doloroso. Cuando su trabajo finalmente pudo pasar a sinodales y ya contaba con todos sus votos aprobatorios, escribió a la coordinación del doctorado para establecer una fecha para la defensa de su tesis. Le habían propuesto trabajar en un proyecto mediante una beca de Cátedras del CONACyT, pero necesitaba estar titulada para ello. Todos los sinodales habían respondido rápido a su petición, ajustaron sus agendas e indicaron que estaban en la posibilidad de realizar el examen. Pero la respuesta del IIE fue que no podían realizarla hasta un mes después, porque tenían demasiado trabajo, y organizaron la defensa justo unos días después de la fecha que tenía como límite.
Así le cobraron a mi estudiante su desacato por señalar que quería que yo siguiera siendo su directora y negarse al plagio que el Dr. González Gaudiano quería realizar. Maike perdió esta posibilidad de trabajo y se regresó a su país, decepcionada de los manejos político-institucionales que le tocó soportar en la UV. Por su parte, Gialuanna Ayora, en 2018, se negó a poner el nombre del Dr. González Gaudiano en la portada de su tesis argumentando que éste no había realizado ningún aporte. Pero recibió un correo de él mismo indicando que su voto aprobatorio en calidad de co-director estaba supeditado a ver su nombre en la portada, retrasando todo el proceso de titulación y queriendo consumar el plagio por segunda vez (aunque finalmente se logró por presión institucional que no apareciera en este segundo caso).
Además, a partir de estos artículos publicados en La Jornada Veracruz, corroboramos que las tesis no se encuentran en el repositorio de la UV. Supimos entonces que las injusticias académicas que sufrimos se han extendido estos años.
En aquella época llegaron también más ataques a otras colegas y a otros estudiantes de ellas, asuntos que no me corresponde a mí retomar. Pero el mensaje en el IIE me pareció claro: las tesis de los/las estudiantes eran tomadas como rehenes para castigar a aquellas académicas (sí éramos todas mujeres, una muestra más del poder patriarcal) que cuestionaron y se opusieron a sus decisiones, así como a otras prácticas de poder.
El IIE, encabezado por González Gaudiano, parecía estar aplicando una especie de ostracismo académico para desacreditar el valor académico de los trabajos de quienes se oponían a ellos/as. Y beneficiar a quienes no. De ello se generaron denuncias a Defensoría Universitaria y denuncias ante la Fiscalía. Sin duda para mí representó un antes y un después en mi vida. Comprendí cómo se construyen mentiras y verdades en un entorno tóxico de poder al interior de una universidad. Y decidí que esa no era la academia que yo iba a alimentar. Las universidades deberían ser todo lo contrario a lo que he relatado aquí.
En mi ausencia sentí miedo, impotencia y frustración con lo que hacían con quienes se quedaron. De hecho, aún tengo miedo a las represalias que esta réplica puede causar. Pero no es posible tapar el sol con un dedo, como tampoco es posible cambiar una realidad mintiendo deliberadamente en el enunciado de un artículo. Ante ello, el silencio no puede ser la respuesta. Por eso agradezco la publicación y lectura de esta réplica.
Yolanda Jiménez Naranjo






