InicioOpiniónDe las redes neuronales a las redes sociales

De las redes neuronales a las redes sociales

- Advertisment -spot_img

Humanismos en el siglo XXI

Por Juan Fernando Romero Cervantes Fuentes


La sombra ambulante
El hombre camina sobre el mundo y su sombra lo persigue, y lo espanta. Es su angustia gemela, imposibilidad de paz interna y fuente del conocimiento. Es la dialéctica qué con el sol en el cenit, desaparece. Es el mal, que se mueve junto con él; es el bien que crece por las tardes hasta desvanecerse. Sólo con el sueño desaparece: en nuestros sueños no hay sombras; excepto su residuo: la sombra de la duda.

Fue una espiral: la vida es una espiral, nace ¿de la nada? y da vueltas sobre sí misma; al girar produce energía que la automantiene, crea universos, espíritus, cuerpos; se organiza así, con una lentitud y una aceleración incomprensibles para el ser humano. Crecen a la sombra del árbol del conocimiento, donde el hombre descansa pues no percibe su propia sombra.

Casi nada sabemos, lo que sabemos es un sueño, la megalomanía humana es ridícula; un sueño, pero también una pesadilla para los oprimidos, que tienen impedido soñar.

Caminamos simultáneamente dos caminos que no son opuestos, sino complementarios: hacia el exterior y hacia el interior: creamos historia y literatura, física y arte: una cultura bípeda y bicéfala que muchas veces no se logra unir en el cuerpo del conocimiento: una cultura antagónica, una dialéctica que no se ha resuelto aún en una posible síntesis: razón y ¿fe?, conocimiento y ¿angustia?, dolor y ¿esperanza?: luz la han llamado, y a la otra, sombra, oscuridad, ignorancia; también Dios o antropocentrismo, y odio, el odio al hermano. No se une la oscilación entre inmanencia y trascendencia, se disputa y se mata; no solo reconoce una unidad original o futura, sino que al negarla la hace imposible en el presente.

Transformamos el polvo de la tierra en la torre de Babel y luego la destruimos con aviones tripulados por “el mal”. Llamamos política, ¡ciencia política!, a un juego de niños y creemos que es el poder el que determina esa lucha “entre el bien y el mal”.

Sólo es una espiral, una dialéctica en movimiento ascendente en términos materiales, con la cual se identifica el antropocentrismo: el artificio domina nuestro mundo que olvida que la naturaleza del hombre es crear artificios.

¿Este mundo artificial, humano todavía hoy, es nuestro destino? Estamos llenos de preguntas: creemos, crecemos.

Nuestra humanidad diversa en sus culturas revela que lo es consigo misma: escribe varias historias. Habría una humanidad que se expresa hacia afuera y construye la civilización, habría otra humanidad que se expresa hacia adentro y construye las culturas: aunque nada humano nos sería ajeno: sucede que no nos reconocemos en muchos gestos y actitudes, ideas y creencias, no lo hacemos en aquellos de los cuales sí somos ajenos en nuestra vida cotidiana: algo adentro así lo señala, no la filosofía ni la razón; son los contenidos que tejen diversos contextos sobre los cuales la sintaxis de la mente trabaja, selecciona, integra, rechaza. ¿Significa esto el choque de la idea contra la historia? ¿hay dos humanismos, uno ideal o filosófico y otro histórico? ¿ello significa que hay dos humanidades, la ideal y la real? y en esta perspectiva, ¿el humanismo sólo sería un ideal?; más, no obstante, podemos encontrar al humanismo en la historia.

Si el hombre fuese universal, lo sería su humanismo, pero el hombre está ligado a su geografía, a su tiempo y a su artificialidad (recordemos que lo artificial es natural al ser humano). El hombre está aprendiendo a ser-entre-otros, está aprendiendo a conocerse, aprendiendo a ser humano consigo mismo y con sus semejantes, y con la tierra, está aprendiendo a humanizar, y al hacerlo ha cometido muchos errores: es decir, ha escrito la historia.

¿Cómo aprender la universalidad, cómo aprehender a sí mismo como otro? Mantenemos un aprendizaje como especie que está inscrito en nuestra génesis y que si, nos une, pero también nos divide multiplicadamente como individuos, individuos que somos formados en una convivencia social que acepta o rechaza el individualismo: el enjambre, el hormiguero, el avispero humano es una colmena y es una torre en Nueva York y un edificio en Nagasaki, es un bulevar en Shanghái y una calle en Bombay y el callejón del diamante en Xalapa, es una derruida Torre de Babel; pero no es sólo una cuestión de ingeniería, de razón y cálculo, de civilización, sino de arquitectura, de sensibilidad y admiración, no se trata de inteligencia artificial, sino de arte y percepción de un mundo naturalmente humano que es simultáneamente natural y artificial pero en su vivencia trasmite no sólo la razón sino la sensibilidad, no el logos, sino el sí y la sabiduría práctica, la convicción, como la define Paul Ricoeur (2008:258).

La conciencia del sujeto crea muchos lenguajes, ese es el significado de la metáfora de Babel; entonces, no se trata de una integración vertical, hacia lo divino, sino una integración horizontal donde compite el logos Occidental como conocimiento racional que construye una realidad “poderosa” por ser irrefutable en sus propios términos, que se enfrenta a una realidad no anti-logos, si anti-moderna, que es la materia del mito y de una realidad alterna que la razón niega y no se somete a ella. ¿Ello fortalece las redes de un posible humanismo, o nos aleja de él? ¿La tecnología es un oxímoron? O bien, ¿la objetividad tecnológica es una realidad más allá de la subjetividad humana? ¿La IA es una meta persona? ¿O se trata propiamente la naturaleza artificial del ser humano lo que es, lo que somos?

El papel de la educación: Ir del mundo humano al mundo humanista.
Para estar en la posibilidad de poder acercarnos más a la probable universalización de nuestro término abstracto, humanismo, no obstante fundado en una tierra, es necesario que nos detengamos en una reflexión sobre la identificación del Oriente en general. y de China en particular. Las definiciones de conceptos y categorías citadas en el texto que escribimos, las referencias a los autores y sus obras, todas pertenecen a nuestra rectora, la cultura Occidental, nuestra maestra del pensamiento que se asume a sí misma como universal, por lo que todos sus discípulos o aprendices estaríamos compartiendo tal calidad, aun de forma inconsciente. En el siglo XXI ha emergido China nuevamente como un Estado poderoso que la superficialidad estadounidense califican sencillamente como seguidora de la economía capitalista en su fase neoliberal, ignorando la trama civilizatoria que China ha urdido, misma que precisamente le ha permitido –para decirlo rápidamente– desarrollar y mantener una economía política humanista, al liberar de la pobreza extrema a 648 millones de seres humanos chinos del siglo XXI.

Más allá de los libros sagrados de Occidente que fundan argumentalmente la civilización al constituir la base del discurso del logos y al elaborarlo física y metafísicamente se ha presentado como la propia de la humanidad entera articulando una sintaxis y una lingüística cognitiva pretendidamente universal y positivamente dominante que ignora a los otros, los diferentes, entre ellos los pueblos mesoamericanos. En general la perspectiva histórica del Homo Europaeus ha olvidado e ignorado tanto el conjunto de las perspectivas del Oriente como las de Abya Yala, prácticamente ha desconocido ese otro conjunto existencial, sensible y cognitivo tanto de Oriente como del mundo que no era nuevo; nuestra visón del mundo ha sido alineado a los valores, gnosis y métodos occidentales como si fuesen universales: disciplinadamente hablamos de la historia, la economía, la sociología, el derecho, la lógica, la cocina, el arte, la moral, los deportes, las religiones… y desde luego, en primer lugar, de la base misma de la filosofía, la ontología: la categoría el Ser. Más no hay que olvidar que las ontologías generan epistemologías.

El humanismo no ha llegado aún a ser universal debido a la falta de acuerdo sobre el concepto y sus implicaciones, ya que ha sido elaborado en contextos sociales, históricos y filosóficos distintos, diferentes formas de ser y estar en el mundo; hasta ahora lo identificable y significativo común es su Occidentalidad, esto es, la procedencia de su cultura.

Una conclusión muy interesante sobre el ensayo que ahora se presenta, es que varias de las posibles interpretaciones que hemos formulado están relacionadas con la educación. Los seres humanos somos culturalizados aún antes de nacer, pues nuestros padres biológicos pertenecen a familias que comparten estilos de vida material y cosmovisión, para decirlo muy brevemente. Este primer aprendizaje social lo realizamos por medio del lenguaje, mismo que será inscrito en nuestro cerebro y nos permitirá comprender, convivir y vivir en el mundo de una determinada y particular manera compartida con nuestros iguales. El lenguaje es aprendido por la enseñanza primero de la madre por medio de un proceso de repetición externa que se integra a la red neuronal. Este proceso es afianzado por esa educación integrada en la cultura específica que recibimos desde el medio cultural que nos rodea en el proceso de maduración. Las culturas son una determinada, particular y permanente educación de los diferentes grupos humanos desde su nacimiento hasta su muerte. Y regresando al corazón de nuestro tema, los posteriores sistemas educacionales al interior de la cultura capitalista europea, proyectan entonces el problema desde una posible perspectiva que plantea al humanismo como una concreción y una conexión que, para poder ser cierta, real y humanista, debería de iniciarse por ser transcultural.

Lo que estamos proponiendo en la tercera década del siglo XXI como una posible enseñanza/aprendizaje dirigida con la base de la educación humanista inicial a través de un proceso comunicativo necesariamente político puesto que implica el acuerdo entre las diferentes partes: la occidental representada por la academia, y la cultural, representada por ejemplo, por los miembros de los pueblos indígenas del istmo de Tehuantepec: ellos acordarían, con plena libertad, contribuir o no, al proceso de transculturación propuesto, esto es, un acuerdo social.

La humanidad es un bosque milenario cuyas alturas han rozado los cielos; cada árbol es individual, a cada árbol lo podemos nombrar selectivamente. Pero esto es sólo la superficie. ¿Qué hay abajo, en la tierra? Las raíces de estos árboles se confunden y forman una red enorme, no es sólo la historia, es la fecundidad de la tierra que ha permitido la comunicación de este subsuelo y que comunica, no de manera obvia a los seres humanos, sino de la forma natural que inspira al crecimiento: esto es la condición humana compartida: aspirar al crecimiento, a la luz, la tierra y el agua compartidas, al humanismo; tratar de explicarlo es tocar las ramas, compartir su oxígeno y replicar su luz, sólo así se puede comprender.

ARTÍCULOS RELACIONADOS

Lo más reciente

- Advertisment -spot_img
- Advertisment -spot_img