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Violencia militar y desastre socionatural

Lorenzo León Diez

El concepto de “guerra global civil fragmentada”, de Franco Bifo Berardi, está sustentado en las 195 guerras civiles documentadas por los historiadores Javier Rodrigo y David Alegre a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial hasta 1995; y en las 30 “guerras activas” (Marcos Roitman Rosenmann) que hoy sacuden al planeta, entre las que las dos mayores son la guerra civil de Ucrania y la guerra “asimétrica” -según las modalidades de la teoría de la estrategia militar-, que sucede entre Israel y Palestina.
La definición entre guerra “asimétrica” y “simétrica” consiste en la cuantificación del poderío militar en uno y otro caso; desigual acentuadamente en uno, similar en el otro; ejemplos para referir lo “simétrico”: el frente occidental de la Primera Guerra Mundial entre Alemania y Francia y sus aliados, donde los músculos industriales de los países involucrados surtían con igualdad armas, explosivos, carros de combate, aeroplanos bombarderos, cascos, uniformes, alimentos, médicos, hospitales de campaña, etc. a los ejércitos enfrentados en 40 mil kilómetros de trincheras. Y la guerra “asimétrica” característica de la segunda mitad del siglo XX: Vietnam, descrita por el general Vo Nguyen Giap en Guerra del Pueblo, Ejército del Pueblo, libro que demuestra que, independientemente de esta brutal asimetría entre las fuerzas de invasión y el pueblo en lucha , la organización social vencerá finalmente a la tecnología superior militar y a la estrategia del dominio imperial.
Algunos pensadores avanzados, incluidos líderes importantes como el Papa Francisco, postutan que la humanidad ha ingresado a otro ciclo bélico planetario, en la Tercera Guerra Mundial que inició no con una guerra civil tradicional sino con una pandemia que mató a 20 millones de personas en dos años (1920-1921), un evento desmilitarizado de alta letalidad.
Esta pandemia se considera un efecto de lo que se está llamando fenómenos socionaturales, como califica la directora del Conachcyt Elena Álvarez Buylla Roces, al huracán Otis, que despedazó una de las ciudades costeras más importantes de México.
La tesis de la Tercera Guerra Mundial tiene dos vertientes que producen un mismo resultado: la militar de guerra civil global fragmentada y las catástrofes causadas por impactos de la naturaleza sobre poblaciones humanas, como efecto de la industrialización, urbanización y depredación que han provocado estas poblaciones demográficamente multiplicadas, en 70 mil años de uso y transformación de los recursos naturales renovables y no renovables: un estadio o nueva fase geológica en el planeta llamada por los estudiosos Antropoceno.
Resultados: enfermedades desconocidas y desastres aumentados cada vez más imprevisibles (como sucedió según los meteorólogos con Otis).
El que haya una guerra civil global fragmentada no obsta para que esté lejos el peligro de una conflagración militar no tradicional, o sea, una guerra nuclear, que lógicamente es global.
El mundo no vivió al fin de la Segunda Guerrea Mundial una guerra nuclear ni “asimétrica” ni “simétrica”, puesto que en el momento que se arrojaron las dos bombas sobre Japón no había otro país, fuera de Estados Unidos, que pudiera responder en ese terreno a los aliados. Por eso Stalin fue el destinatario a discreción de esas dos acciones militares de exterminio civil, lo mismo que la destrucción de Dresde, donde se calcula murieron alrededor de 40 mil civiles alemanes.
Cuando el secretario general de la ONU António Guterres declaró que la guerra tiene leyes, para referirse al genocidio que realiza Israel sobre la población árabe de Palestina, no pudo estar más solo, pues no existe una sola experiencia, que no sea en el “derecho internacional” , en el mundo moderno en el que, si la hay en protocolos abstractos, la ley de la guerra no sea precisamente que en la guerra no hay ley.
Palestina, más que Ucrania, es prueba de ello. En la complejidad de ambas guerras vivimos los neohumanos una especie de holograma “neurototalitario” (Bifo). Estamos sumergidos en el prisma de plataformas de la revolución electromagnética y digital, un océano de imágenes y voces donde cada quien, en nuestro aislamiento en la pantalla, debemos armar un sentido que oriente nuestra individualidad, que dé forma a nuestra intimidad absorbida por la “sociedad de la transparencia”, ( Byung-Chul Han)Han) que pasa por la “”capitalización de los afectos” inducido por la “industria de la expresividad (Éric Sadin), quien dice que no se trata de un “capitalismo de la vigilancia” como propone Shoshama Zuboff, sino el “drenaje de nuestra subjetividad” (Ignacio Castro Rey) se realiza con nuestro entusiasta consentimiento.
Palabras en textos, imágenes en videos y, finalmente, invisibilidad de archivos invisibles que suplantan a la fe (Boris Groys). Dos guerras que llegan minuto a minuto hacia nosotros a través de la “máquina filosófica” (Google), lejos, muy lejos del “teatro de los acontecimientos” y, sin embargo, en el núcleo de la expectación. Y cerca, muy cerca -como ahora con Otis- del centro de la destrucción. Espectáculo finalmente del desastre y la mortalidad con la opción del “like”.
En Ucrania se postula aún la noción de “campo de batalla” por los dos países enfrentados. Hay concentración de ataques de la armada rusa y resistencia del ejército ucraniano en ciudades, localidades y regiones que las autoridades instan a los civiles desalojar. Muy diferente de la guerra entre Israel y Palestina donde no hay campo de batalla, ni frente diferenciado de la población civil (lo mismo que pasó en Vietnam, donde también se construyeron redes militares subterráneas, como se declara lo hacen los guerrilleros de Hamas).
Relacionar los desastres socionaturales como el de México con la guerra mundial es seguramente polémico, pero en la perspectiva teórica que se plantea con la unicidad de los fenómenos causados por el hombre en lo comunitario y lo planetario, nos permite dar un sentido crítico a la reflexión.
Leemos y vemos lo que dicen los expertos (por ejemplo el Fondo Mundial para la Naturaleza : Bajo distintos escenarios de calentamiento global, la ocurrencia de estos eventos -como el huracán Otis- será cada vez más frecuente) y lo que reportan las noticias: pruebas de los ejércitos estadounidenses, rusos y chinos de misiles balísticos y de crucero, de submarinos atómicos y bombarderos estratégicos. Esto considerando que lo que podemos saber está captado y selectivamente trasmitido por Facebook (ahora Meta), You Tube y Twitter (ahora X), pues estamos viviendo (Rosa Miriam Elizalde) a tiempo que usted lee la Jornada el mayor bloqueo de contenidos en relación con las dos guerras.

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