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Tiempo de definiciones

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Empieza a quedar más claro el papel del Fiscal General de la República en el gobierno de la 4T. Gertz Manero es la condición que el viejo régimen impuso como garantía para no desconocer un triunfo que hubiera implicado un baño de sangre en el país.

En estos años el Fiscal ha sido cuestionado por su desempeño muchísimas veces y desde diversas consideraciones. Especialmente en cuanto al avance de las investigaciones del saqueo por corrupción desbordada en los dos sexenios pasados. El sistema se ha resistido de todas las formas posibles, basta el ejemplo de la pregunta para enjuiciar a los ex presidentes responsables de la sangría y saqueo durante los dos sexenios recientes.

Desde los privilegios a Lozoya exhibido hace un par de años en un restaurante, hasta el estancamiento de los otros casos igualmente relevantes. Notoriamente el de Juan Collado.

Bien, la Fiscalía no avanza, pero sí la fiscalía especial para el caso Ayotzinapa a cargo de Omar Gómez Trejo que, una vez filtrado el informe sin testar en el periódico Reforma el sábado pasado, lo que daría eventualmente pie a que un juez eche para abajo el caso por haber violado el debido proceso.

Se sabe que de 21 ordenes de aprehensión de las que la FGR se desistió, varias estaban dirigidas en contra de militares. 

Es claro que el establishment conservador ha reaccionado con decisión y muy fuerte al proceso de transformación y justicia del país. Así lo reconoció al referirse a las presiones que recibe y lo que explica las renuncias.

El instrumento para contener los avances de la 4T en ese sentido es la FGR, por eso precipitó la detención de Murillo Karam y filtró el informe sin testar, con nombres y apellidos de los protagonistas de los tres niveles de gobierno. Lo que llega al expresidente. 

Son tiempos de definiciones y lo que está en marcha es la reconfiguración institucional de un sistema muy noble derivado de la Revolución mexicana, pero corrompido y disminuido por el sistema de complicidades más profundo. El deep state del Estado Mexicano. ¿Qué se juega? ¿Cuál es amago? ¿Un golpe de Estado?

Una cosa queda clara, Gertz Manero es un durmiente. El Presidente no lo puede remover, pero ha quedado evidenciado quién es quién en esta fórmula, y de qué lado están los protagonistas. Son tiempos de respaldar sin inhibiciones al proceso de renovación nacional.

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