Luis Bello Estrada
Latinoamérica es pobre porque es rico su suelo canta Galeano al incriminar al viejo mundo de conquistadores bestiales que dicen civilizar al momento que esclavizan a los seres humanos, atrás de la espada viene la cruz y esa sí, somete al espíritu muy profundo, está cincelada en la conciencia de la persona, de padres a hijos por tres siglos, después de los cuales llega el espectro de la modernidad con su discurso luminoso de la democracia y el oscuro del imperialismo que la ondea, que la vende al precio alto llamada capitalismo, un nuevo tipo de sometimiento al poder. Un nuevo modelo de saqueo, uñas sucias de la miseria permanente de Latinoamérica, de su pérdida de identidad, de conciencia de unidad y de dignidad.
Marx declara que la revolución comunista, que eliminará la explotación de una clase social sobre otra, vendrá al exacerbarse las contradicciones en las encumbradas potencias económicas capitalistas, Lenin infiere un sentido opuesto, las regiones más pobres y atrasadas lo harán, la cadena se rompe por el eslabón más débil. Rusia se declara socialista según lo que entienden y se constituyen en torno al soviet como la alternativa social al capitalismo americano tanto como europeo. Cuba, vive como satélite norteamericano, los niveles de sometimiento al imperio, las condiciones de vida que son tan marginales como indignas catapultan a la isla a una “Revolución socialista por la vía armada” la cual triunfa hacia 1959, los costos de esta guerra son altos e implican que en 1962 la llamada guerra fría casi se encienda y con ello se inicie la tercera guerra mundial.
Para la década de los sesenta y setenta el fantasma del comunismo en Latinoamérica aterroriza al imperio yanqui, mientras el terror del capitalismo gringo no es un fantasma, es contundente y se materializa en la pobreza y explotación, el imperio interviene y controla presidentes, ejércitos, jueces y por su puesto oligarquías regionales. Precisamente ahí aparece un chileno Salvador, quien enarbola su poesía, su creación, su libertad. Busca y conquista las urnas en pro de un proyecto socialista, pero desde una vía democrática, sin el uso de la violencia. Lo consigue y da un ejemplo al mundo, su programa empieza a cambiar las históricas injusticias del pueblo chileno y a incomodar a las oligarquías de su país como al imperio. Hace medio siglo, el 11 de septiembre de 1973 un atroz y cobarde golpe militar lo asesina. Pero aún con este evento nace el más atroz de los modelos de corte de liberalismo económico el llamado capitalismo salvaje o neoliberalismo que redistribuye la riqueza de los que menos tienen a los que más tienen. Los pobres deben transferir sus exiguos recursos a los ricos. Ese modelo nace ahí con la dictadura del asesino y traidor Augusto Pinochet y hoy esa dinámica económica está presente en Latinoamérica y el resto del mundo, pero al menos en México se trata de extinguir.
Salvador Allende se salva, porque es uno esos pocos hombres, los más humanos del siglo XX, porque es un ser inspirador. Su legado se vive hoy en México, si lo dudara, pregúntense donde está nuestro presidente y quién o qué lo llevó a una gira a América del Sur.




