El muro de contención del río Cazones: una obra inconclusa y una lección no aprendida
Tras la inundación del 5 de octubre de 1999, las autoridades estatales y federales comenzaron la construcción del muro de contención del río Cazones, una obra que quedó como proyecto inconcluso y que durante años mantuvo en riesgo a miles de habitantes de colonias ribereñas de Poza Rica, hasta que finalmente la historia se repitió.
Un proyecto que comenzó con promesas
La construcción del muro de contención inició en septiembre de 2009, a la altura del fraccionamiento Gaviotas I, con la finalidad de proteger a las colonias Gaviotas I y II, Lázaro Cárdenas e Independencia. En ese entonces se destinó una inversión de 145 millones de pesos, de los cuales el municipio aportaría 45. Pese al anuncio y la relevancia del proyecto, la obra no se concluyó.
Posteriormente se planteó una segunda etapa que abarcaría más de dos kilómetros, desde la colonia Lázaro Cárdenas hasta el puente Cazones II. Incluso se habló de habilitar un bulevar ribereño sobre la estructura del muro, pero nunca se materializó.
La tercera etapa, iniciada por la Comisión Nacional del Agua (Conagua) en octubre de 2014, fue la que finalmente mostró avances significativos. Con una inversión anunciada de 183.63 millones de pesos, contemplaba la construcción de 4.3 kilómetros de muro, con una altura promedio de cuatro metros, distribuidos en dos tramos de 2.6 y 1.7 kilómetros respectivamente, con base de arcilla y recubrimiento de protección. Sin embargo, los recursos fueron insuficientes y la obra tampoco se terminó por completo.

Protección desigual y comunidades olvidadas
Esa tercera etapa permitió reducir el riesgo de desbordamiento del río Cazones —un afluente de respuesta rápida— en colonias como Ignacio de la Llave, Las Granjas, Morelos y Palma Sola. Sin embargo, los sectores Florida, Villa de las Flores y Los Laureles quedaron fuera del proyecto y expuestos a un mayor peligro.
Vecinos de estas colonias denunciaron en su momento que las obras realizadas aguas arriba habían aumentado la presión del cauce hacia sus zonas, intensificando los llamados “golpes de agua” en temporada de lluvias.
Israel Benítez, habitante de la colonia Ampliación Morelos, recordaba cómo en ese lugar vio crecer y marcharse a sus hijos, siendo testigo y aprendiz de las crecientes del río. “Aquí ya sabemos: si llueve durante tres días y cuatro noches seguidas, es seguro que va a crecer el río”, decía.
Entrevistado el jueves 9 de octubre, horas antes de la tragedia, sentado apaciblemente bajo un árbol que creció sobre el muro de tierra construido para contener la fuerza del Cazones, relató cómo en el predio adjunto a la barda del Complejo Procesador de Gas —justo en el inicio del muro— nunca se cerró por completo.
Sin estudios de ingeniería, pero con mucho sentido común, sabía que en cualquier momento el olvido de las autoridades les cobraría factura a ellos, los más necesitados, quienes habían quedado vulnerables ante un posible embate de la naturaleza, que finalmente se dio este 10 de octubre.

Sin continuidad ni recursos federales
A mediados de la década de 2010, la entonces regidora comisionada en Protección Civil, Silvia Adriana Ortega Galindo, reconoció que no existían solicitudes oficiales ante la Conagua para continuar o ampliar las etapas pendientes del muro. Subrayó que se trataba de una zona federal, por lo que cualquier proyecto debía ser autorizado y financiado por la dependencia federal.
Durante el arranque de las obras de la tercera etapa del muro, en 2014, el entonces director general del organismo Cuenca Golfo-Centro de la Conagua, Iván Hillman Chapoy, enfatizaba que dicha dependencia había establecido la necesidad de priorizar la prevención, en coordinación permanente entre los tres órdenes de gobierno y la sociedad.
“Esto provocará un cambio en la seguridad y el resguardo de los vienes. Representa una inversión del programa normal; 129 millones de pesos en beneficio de mas de 14 mil habitantes”.
Sin embargo, nunca se concretó el muro para proteger la zona norte de la ciudad y mucho menos el tramo que debía proteger a La Quebradora

Hoy, en 2025, cuando una tragedia vuelve a asolar Poza Rica, el muro de contención del río Cazones sigue siendo un símbolo del abandono institucional y de la falta de continuidad en la gestión de obras hidráulicas. Aunque el proyecto representó una esperanza para miles de pozarricenses, su ejecución parcial dejó un legado de vulnerabilidad y desconfianza, recordando que las promesas inconclusas también pueden poner en riesgo vidas enteras.




