Más de un centenar de residentes de la colonia Lázaro Cárdenas, en Coatepec, se congregaron la tarde de ayer para las festividades a la Santa Muerte, culto al que, aseguran, cada vez son más las personas que se suman, aunque admitieron que continúan siendo discriminados por sus creencias, “piensan que somos delincuentes, pero no, aquí también hay médicos, abogados, taxistas, albañiles, de todo hay”.
Benjamín Olmos Colorado, quien desde hace seis años lleva a cabo una procesión de la Santa Muerte desde la mencionada colonia, hasta el panteón municipal, donde levantaron un arco de aproximadamente ocho metros y una tonelada en peso, entre flores, madera y otros adornos, explicó que el culto a la Santa Muerte lo inició pese al descontento de algunos vecinos, quienes lo amenazaban constantemente de quemar su casa con su familia adentro; su mayor preocupación era su madre, quien se quedaba sola en casa mientras él y sus demás familiares salían a trabajar.
“Yo le decía a mi jefecita que no se preocupara, que todo iba a estar bien y no ha pasado nada ni tiene por qué pasar, somos gente de bien, pero con creencia diferente a los demás. Empezamos con apenas dos imágenes de la Santa Muerte, actualmente hay más de 100; no todas son mías, pero yo las cuido. El primer día de cada mes nos juntamos, le rezamos y viene mucha gente”.
Explicó que en la primera procesión hacia el panteón municipal eran menos de 30 personas, “actualmente la gente aún tiene miedo y hay de todo; yo soy de una familia humilde, empecé como campesino pero actualmente trabajo como albañil, aquí hay familias de mejores recursos pero se preocupan por qué dirá la gente de ellos”. Sin embargo, indicó que poco a poco “se van soltando” y han demostrado su fe sin importar lo que digan las demás personas que consideran que el culto o adoración a la Muerte solo es para delincuentes.
“Antes se sacaba de onda la gente, pero hoy tenemos como lema que la fe sea más grande que el miedo, porque aún están con el ‘qué dirá la banda’, la gente. Hay momentos en los que no había personas para cargar el arco, pero ahora ya hasta se pelean, por así decirlo, para cargarlo”.
Lamentó que el primer año que hicieron la procesión fueron víctimas de agresión por parte de algunos residentes de Coatepec, pues en su andar al panteón municipal hubo quienes les gritaban groserías e incluso hubo quien los amenazó con un machete.
“Aquí lo que importa es el respeto, hay quienes quizás adoren al diablo, quienes adoren a Jesús, pueden adorar a la virgencita, así hay quienes tenemos fe en la Santa Muerte, y así como muchos de ellos que lucen su virgencita, su cristo, nosotros lucimos a nuestra niña bonita, a nuestra niña blanca. Hay quienes dicen que nosotros somos malos y está bien, porque nosotros muchas veces nos vamos con la finta de que los sacerdotes son los más buenos del mundo, pero luego resulta que violan a los niños, o aquellos pastores que violan a las mujeres […] a lo mejor aquí hay quienes agarran a la Santa Muerte para hacer maldad, pero otros para curarse. Lo más importante aquí es tu fe”.
Desde la calle Costa Rica, en la colonia Lázaro Cárdenas, caminaron con dirección al palacio municipal; en el camino se iban sumando más creyentes a la Santa Muerte, otros tantos tomaban fotografías y videos.
En la procesión, los jóvenes que cargaron el arco de más de una tonelada, como podían brincaban y cantaban, sin importar el peso y tras ingerir algunas cervezas para aguantar la caminata, demostraban su fe y adoración a la Santa Muerte.
“Aquí no importa si son ricos o pobres, todos vamos para donde mismo, pero aún hay una mala imagen de la sociedad hacia nosotros, pero somos una comunidad que se apoya como una familia”.
En la procesión participaron algunos taxistas y profesionistas, pues a decir de Olmos Colorado cada año son más las personas que se suman al culto, pues hay médicos, abogados, ingenieros, “hasta la persona más humilde que te puedas imaginar”.
La procesión fue acompañada por tres catrinas y en el andar los residentes de Coatepec les pedían fotos; también hubo una banda de guerra de una escuela del municipio, así como un equipo de sonido que amenizó la procesión con música de banda, corridos, reggaetón y electrónica.
Al llegar al panteón municipal, con algunas dificultades levantaron el arco, puesto que los cables de electricidad están muy tensados y tuvieron algunas complicaciones, pues se atoró con los adornos. Tras varios minutos lograron instalar el arco e inició la quema de un torito con pirotecnia. Al terminar la procesión, regresaron a la colonia Lázaro Cárdenas, donde los esperaba un banquete que ofreció el anfitrión, además de departir licores y cerveza.






