La Faena
De la misma manera que cupieron todos los opositores a Morena en Veracruz durante la pasada elección federal en la alianza Yo con Yunes y Xochilovers, de esa misma forma se está alineando la formación de una nueva corriente pepista en la que eventualmente tendrán cabida todos aquellos que, por diversas razones, consideran que el partido oficialista y sus gobiernos están llevando al país a la ruina y a un supuesto autoritarismo que les pone los pelos de punta.
Todos aquellos damnificados por la delación del Clan Yunes padecen devastadores efectos, y lo son aún más para la oposición política electoral que se plegó ingenuamente a la voluntad de los millonarios del Estero de Boca del Río.
Aunque se encuentran en el estupor, ya deben darse unos primeros pasos que llevarían a la hipotética alianza, una variopinta mezcolanza de priistas nostálgicos, entre alemanistas, fidelistas o duartistas de todos los niveles de proximidad con el círculo de poder; habría entre ellos también yunistas de viejo y nuevo cuño que portaban una exterior piel azul, aunque en la epidermis prevaleciera el tricolor.
Esa nueva clase política priista está conformada por un priismo amorfo, asediado por su propia historia, con figuras nuevas que no puedan conectar con aquel pasado en el cual la militancia era un símbolo de orgullo que ahora tiene poco que ofrecer. En todos los sentidos son un reflejo de la esperpéntica figura de su líder moral, Alejandro Moreno Cárdenas, alias Alito.
Están también los desencantados neopanistas lastimados por la traición del Clan Yunes, aunque habrá los históricos azules que festinarán el espectacular hecho de que el propio gran simulador se quitara la máscara de demócrata, opositor, luchador social, honesto, cuando desesperado pagó tan altísimo precio en el Senado, donde cavó una indigna tumba política a una «exitosa» carrera —si se considera como tal la acumulación de riqueza, poder ante evidentísimos actos de corrupción y podredumbre moral— con tal de salvaguardar la libertad y, otra vez, la impunidad de sus vástagos, a los que empujó a una riesgosa trayectoria con un ejemplo paternal poco dignificador.
Ahí revalidarán su acomodo formal e informal reductos del pensamiento político de aquella izquierda comunista, socialista, maoísta o trotskista, que se perdieron entre brumosas e ilusorias aspiraciones burocráticas o políticas en la marea rosa, obnubilada su memoria y compromiso por haberse quedado fuera de la avalancha y del paraíso lopezobradorista.
Aquella memorable consistencia y dureza ideológica y conceptual —que ayudó a crear las condiciones actuales de conformación de un gobierno cuyo compromiso no está con los grupos de poder económicos o saqueadoras élites clasistas— se encuentra ablandada por la falta de expectativas, lo que los conduce a una deriva lamentable con la que abonan con su pensamiento crítico a la simplona y abigarrada avalancha ideológica de una clase política decadente que lucha desesperadamente por la restauración del régimen saqueador y corrupto.
En ese escenario, festinado lastimosamente por un ala de un peligroso morenismo excesivamente pragmático que metió las manos en la letrina para sacar votos senatoriales, se instauró el nacimiento de una corriente opositora en Veracruz que tratará de reconstruir desde las ruinas dejadas por su propio oportunismo y falta de entendimiento de la historia, una opción política que tendrá una complicada labor, siempre y cuando siga pensando de la misma forma en que se enfrentaron al lopezobradorismo.
Esas son las bases con las que se esperaría la construcción de una opción política opositora en Veracruz, con la que cuenta de primera mano el potencial pepismo naciente. De entrada, se edificaría a partir de una nueva idea política, un movimiento que los aglutine a todos y sea capaz, además, de incorporar a quienes no comparten las ideas del morenismo. No está fácil la tarea. Su margen de propuesta social y discurso está copado por el morenismo. Los pepistas tendrán una monumental tarea de construcción de su alternativa electoral, que debe ir más allá de la crítica a los errores o carencias del morenismo gobernante.
Hay gente valiosa, pensante, que puede aportar a la instauración de una opción electoral distinta al hegemónico morenismo, más allá de sus filias con el traidor yunismo o sus fobias con el pensamiento crítico que puede existir dentro del movimiento morenista, de la misma forma que lo pensó Andrés Manuel López Obrador.
A menos que se formen en la fila de un morenismo ultrapragmático que no aprendió la dolorosa historia del PRD y, al final de cuentas, ayude a construir un necesario pepismo de check and balances.






