Por Magali Velasco Vargas
Ya no es posible ignorar. No miren para otro lado. No hagan como que la virgen les habla.
El 27 de agosto de 2025, en un hotel, nos arrebataron la Universidad Veracruzana. El salón estaba lleno de personas que no representaban a todos los universitarios. Lo permitimos. Algunos nos inconformamos y marchamos, escribimos o nos plantamos. Hoy estamos permitiendo una atrocidad más. Estamos dejando solos a nuestros estudiantes. Los estamos ignorando. Permitimos que los humillen, que los sobajen. Es nuestra responsabilidad académica y humana cuidar de nuestros estudiantes que son el futuro que garantiza la continuidad universitaria.
Les estamos fallando.
He escuchado a colegas decir: “no estaba enterada”; he escuchado a otros justificarse con “no puedo comprometerme”.
¿Entonces qué haces ocupando un espacio que amerita humanismo, responsabilidad ética, empatía, entereza y demás valores que se aglutinan en la idea de una Universidad?
Los quieren cansar.
A los estudiantes que valientemente y con plena conciencia y autonomía están en paro hasta el día de hoy, 2 de noviembre de 2025, los quieren cansar. Les cancelan la fecha de reunión (por el clima, por la agenda), los dejan que sigan durmiendo a la intemperie, que batallen consiguiendo víveres para ellos y para los damnificados en Poza Rica y pueblos aledaños. Los ignoran porque es más fácil dejar que las cosas caigan por su propio peso; sólo se necesita paciencia y ser indolente.
Los estudiantes están dispuestos a mantenerse firmes hasta enero; los otros están dispuestos a no atender sus demandas, a fingir hacerlo. No les importan, no los necesitan. No tienen compromiso real con lo que da sentido a una Universidad: sus juventudes. Ellos duermen bien, comen bien, no pasan frío, tienen el poder, están protegidos; lo demás no importa.
Nosotros, los docentes, los SNI, los doctores y demás diplomas, estamos fallando si permitimos dejar solos a los estudiantes. No los estamos viendo a los ojos. Son esos mismos chicos que, día tras día, dentro del aula, les pedimos su opinión, les exigimos pensamiento crítico, nos hacen sonreír, nos sorprenden con sus ideas, nos dan motivos para vivir y ejercer este noble trabajo que, para mí, es más una responsabilidad social: la de compartir lo poco o mucho de nuestra experiencia. Ellos, a mí, me dan más.
Sabemos que si no les proveemos soporte urgente, muchos de ellos claudicarán y dejarán sus carreras. Sufren la presión del poder sobre ellos, la presión de su misma familia, de maestros apáticos y de una sociedad que los señala como delincuentes faltos de voluntad.
¿Qué estamos haciendo por nuestros estudiantes?
¿Cómo permitimos que los maltraten así?
¿Por qué nos indignamos año con año el 2 de octubre y, sin vergüenza, volteamos a otro lado convencidos de que esta no es mi lucha? Que no me corresponde, que hay que respetar “sus procesos”. También son los nuestros.
“La diferencia entre el acto de ignorar y el estado de ignorancia conlleva la distinción moral entre el estado de responsabilidad y el estado de inocencia”, dice la filósofa eslovena Renata Salecl.
Hay un vídeo en la página de Facebook de nuestra alma mater en el que resumen “la celebración” del otorgamiento ilegítimo de prórroga del 27 de agosto de este año (https://www.facebook.com/watch/?v=598927036489934).
Véanlo, quiten la música triunfante que lo acompaña, observen quiénes abrazan al personaje principal. Yo no veo ningún joven. Quizá ese sea el plan, dejar a la Universidad sin estudiantes.
