Pedro Sola quiso envenenar perros en la tienda departamental y terminó envenenando su propia reputación en cadena nacional. 79 años de vida y 30 de pantalla le alcanzaron para descubrir, frente a millones de espectadores, que la carne envenenada suena mejor en la cabeza que en un micrófono abierto. Pidió perdón leyendo un mensaje de su celular, la forma moderna de la contrición: la disculpa como nota de voz transcrita en vivo. Culpó a la edad, culpó a la época, culpó a todo menos a la boca que soltó la frase. El conductor que además es economista por la UNAM demostró que se puede tener título universitario y aun así ignorar que amenazar con matar perros frente a cámaras nacionales equivale a una incitación transmitida en horario estelar.
Pati Chapoy, matriarca histórica de la nota roja del espectáculo, resolvió el momento con una carcajada que merece capítulo aparte en la crónica de la insensibilidad televisiva. Cuando su compañero habló de darle un balazo a quien pasea un perro en carriola, ella ofreció como respuesta ingeniosa una tarjeta de psiquiatra. Ya con las redes en llamas, sugirió redirigir tanta indignación hacia la inseguridad del país, como si el genocidio canino en diferido necesitara excusa comparativa para dejar de ser un problema. 30 años acumulando escándalos ajenos la dejaron sin reflejo para reconocer el propio cuando le tocó protagonizarlo.
Ricardo Salinas Pliego llegó al rescate con la velocidad de quien mide el daño reputacional en tiempo real. Calificó los dichos de “lamentables” en una red social, prometió que el maltrato animal no cabe en ninguna de sus empresas y guardó silencio sobre sanciones concretas contra sus conductores. El dueño de la televisora que negocia con el SAT un adeudo de 32 mil millones de pesos, del cual aún no termina de pagar la mitad, encontró en dos presentadores veteranos la oportunidad perfecta para presentarse como guardián de los seres sintientes. Indignarse en X sale más barato que saldar cuentas con Hacienda.
El escándalo llega, además, en el peor momento posible para la marca. TV Azteca venía ganando partido tras partido la pelea de audiencia mundialista gracias a Martinoli, Luis García y compañía, hasta que México cayó eliminado frente a Inglaterra y Televisa se llevó 35.8 millones de espectadores, 28 por ciento más que su rival, justo en el instante en que más mexicanos decidieron abandonar el Ajusco. La audiencia se fue cuando el país perdió al Tri, y ahora vuelve a irse por perros envenenados. Ningún departamento de comunicación agenda una crisis reputacional a la carta, pero esta llegó servida sin que nadie la pidiera.
Sola exhibió su zoosadismo y Chapoy lo celebró. Salinas es un usurero con ambición; pero Sola y Chapoy no son más imbéciles precisamente porque les falta ambición.
*Es Cosa Pública
