Plaza Lerdo
Quedaron atrás el “viejo guango”; también el llamado retador a comparecer en la Plaza Lerdo al “loco, vividor que nunca ha trabajado” y, por supuesto, las afrentas, las descalificaciones y el llamado a combatir al populismo depredador, entre otros de los argumentos en los que se ha fundamentado la campaña antimorena del Clan Yunes.
Hoy, el fundador de la estirpe y parte de su prole son orgullosamente morenistas, limpiados y exonerados de la extensa lista de denuncias, acusaciones por fraude, corrupción y hasta pederastia (en el caso de Miguel Ángel Yunes Linares) por la mano peluda del expriísta y jefe de la bancada de Morena en el Senado, Adán Augusto López, y la complaciente mirada del antaño rabioso antipanista, Gerardo Fernández Noroña.
Quienes han usado como nadie el poder en Veracruz para construir una enorme fortuna, ocupado todos los cargos públicos posibles dentro de la administración estatal y actuado con la mayor impunidad que se pueda imaginar, fueron recibidos ayer con honores en la militancia morenista, como si se tratara de gente que mereciera recibir el reconocimiento de los adeptos al lopezobradorismo. Es de suponerse que la dirigenta nacional del partido en el poder, Luisa María Alcalde –quien al igual que la presidenta Claudia Sheinbaum y la gobernadora veracruzana Rocío Nahle nacieron políticamente bajo la dirección y el cobijo del fundador del partido, Andrés Manuel López Obrador– haya cuando menos expresado alguna inconformidad antes de abrirle a los Yunes formalmente las puertas de Morena.
Es cierto que durante la gestión de López Obrador, Morena había dado entrada a prófugos del PAN y del PRI, pero acaso ninguno tan impresentable, por su trayectoria pública plagada de señalamientos de corrupción, falsificación de documentos y uso abusivo del poder que lo llevó a huir del país para no ser aprehendido, como lo es el senador Miguel Ángel Yunes Márquez. Del progenitor de este se espera que no se forme en la fila para recibir su credencial morenista, pues su estatus de senador suplente, su avanzada edad y su enorme desprestigio público deberían ser un obstáculo para ello, inclusive para alguien con la cachaza tan dura y resbaladiza como el exgobernador panista.
Finalmente, el pragmatismo y el futurismo de López Hernández se impusieron por encima del morenismo que rechaza la integración de Yunes Márquez al partido, pues no son pocos los activistas de Morena que en algún momento fueron objeto de persecución y hostigamiento cuando el jefe del Clan despachaba en Palacio de Gobierno. Con todo, en un breve video que se puede consultar en el sitio web de La Jornada Veracruz, Yunes Márquez instituyó el yunismo como una neocorriente política, pues afirma que sus seguidores “son yunistas, no panistas”. En la cara de los jerarcas del morenismo, el megalómano vástago del jefe del Clan les restriega con orgullo la importancia de apellidarse Yunes.
Más tardó en darse a conocer la afiliación del yunismo a Morena que en responder la gobernadora Rocío Nahle, quien en su cuenta de X demandó a la Comisión de Honestidad y Justicia que no acredite la membresía como integrante de Morena a Yunes Márquez por no representar ni contar con los postulados del movimiento de regeneración. Pero además, advirtió que hará llegar a Luisa María Alcalde las pruebas correspondientes sobre la “carpeta azul”, donde se le involucra con lavado de dinero y otros delitos.
Es decir, da a entender la mandataria que se está afiliando al partido a una especie de delincuentazo sobre quien existen un gran número de acusaciones. Ya se ha dicho que el principal enemigo de Morena será Morena y que las aspiraciones personales y apetitos de poder del exgobernador de Tabasco están generando un proceso de ruptura cuyas consecuencias pronto habrán de verse. ¿Quién pensaría que la importancia de apellidarse Yunes sería relevante hasta para Morena?
