No cabe duda de que vivimos los mexicanos tiempos de viva política y que esto ocurre en un contexto de garantía de libertad de expresión como política de Estado. Tal necesidad de cambio sustenta un régimen gubernamental fuerte y legítimo para que responda a esas necesidades sociales, ubicadas en la izquierda. Podemos afirmar que esta conquista democrática se procura a escalas nacional y estatal.
Con todo, en este interregno, momento de algidez en la vida pública, donde tanto está en disputa adentro y afuera, quedan expuestos intereses mezquinos a los que un periodismo honesto en su línea editorial y que ha acompañado las causas sociales en Veracruz resulta incómodo, al grado de motivar un ciberataque para derribar el sitio web y sembrar una amenaza; con lo sucedido en días pasados contra La Jornada Veracruz.
En sus 13 años de trayectoria como un referente veracruzano, en un escenario donde la reputación del oficio periodístico se encuentra lastimada y la violencia victimiza y ha convertido al auténtico periodismo en activismo; este medio –más allá de las diversas valoraciones, propias de la democracia, a las que se somete ante la sociedad como fuente de información– ha enfrentado demandas judiciales abusivas desde el poder, ha tenido que desmentir numerosas portadas o ediciones falsas, además de que compañeros reporteros nuestros han sufrido intimidación y hostigamiento.
Y ahora, con un mensaje explícito para silenciarnos a través de una operación informática cuidadosamente orquestada, La Jornada Veracruz enfrenta espionaje, sabotaje, robo de información y amenazas, ante lo cual ya se actuó por las vías institucionales para que se dé con quienes resulten responsables.
Contamos con que, en este y en los casos de todos quienes se dedican a esta labor, se afiance el Estado de derecho que supone una transformación en la que hay un lugar para la libertad de expresión.
