Por Joan Rega
Joan Rega responde a Irma Benedito, autora del artículo publicado recientemente en el portal Business Insider (https://www.businessinsider.es/), en el que analiza algunos indicadores inusuales en los que algunos economistas se fijan para predecir recesiones: pintalabios, pañales, botellas de champán, cajas de cartón…
Joan Rega afirma que no hay ningún cambio en el enfoque teórico en la búsqueda de anuncios de futuros eventos económicos, como la recesión, aunque se busquen avisos en la compra de pintalabios o ropa interior masculina.
El gasto personal se concentra en prioridades según el tipo de bienes y necesidades. Por ejemplo, los bienes inferiores se consumen más conforme se tienen menos ingresos reales, y a contrasentido, los bienes superiores se consumen en mayor cantidad conforme se tienen más ingresos.
Por ejemplo, entre tortillas y pan, o aún dentro de cada uno de ellos, pan y pan de caja, o pan de caja y pan integral de caja, o pan de caja integral y de masa madre, etc. Algunos bienes se denominan inferiores y otros superiores según su relación con los ingresos y el gasto.
Claro que las necesidades se crean, así lo esperaban Marshall o el maestro Keynes, al sostener que así debía ser el proceso de la dinámica del capitalismo. Pero también las no básicas se postergan en su satisfacción.
De la economía se decía, en el siglo XIX, que era una ciencia lúgubre, asociada a lo complejo del comportamiento de la producción, la distribución del ingreso y a las malas noticias.
Ahora, además, es un tema que se ajusta al uso y a las circunstancias, según cada interés. Por eso es hasta de glamur, wishful thinking, excesivas conjeturas, etc. Pero no necesariamente con visos científicos. Bien se decía que cuando tu bolero se interesa por cómo se comporta la bolsa, retira tu dinero, es decir, de la especulación, que antecede a la recesión.
Los políticos, especialmente de nuestros países, creen que el dinero es presupuestalmente infinito, por eso dilapidan la hacienda pública generando deuda. Guiados por economistas supuestamente ilustrados, creen que simplemente con más gasto público se crece más. Esos economistas repiten supuestas teorías que sus apelados autores nunca formularon. No en balde, en circunstancias de amenazas recesivas, como la actual, se pide gastar más y se olvida el viejo libro Keynes contra los Keynesianos, que evidencia cómo los alumnos creativos terminaron reinventando la teoría del ilustre maestro Milton.
Bien decía Keynes: los políticos y los hombres prácticos terminan siendo normalmente cautivos de filósofos o economistas ya muertos. La desaceleración económica de Estados Unidos y de México anuncia el riesgo recesivo. Desde este año lo veremos y lo seguiremos pagando indefectiblemente hasta fines de la década, aunque algunos sigan la fiesta y otros sientan ya sus excesos.
