Orizaba, Ver.- México se posiciona como el cuarto país en el mundo que más utiliza la técnica de la fractura hidráulica, o fracking, para la extracción de gas y petróleo no convencional. Aunque la práctica se presenta como una alternativa energética rentable, expertos advierten que sus consecuencias ambientales podrían ser irreversibles si no se detiene o regula con mayor rigor, afirma el biólogo Héctor Rojas Carrizales, investigador ambiental con experiencia en estudios de biodiversidad, “Pemex también recurriría a esta técnica en cuencas de Veracruz, Burgos y Tampico-Misantla”, advierte.
El fracking consiste en perforar un pozo vertical y luego horizontal para inyectar millones de litros de agua mezclada con arena y sustancias químicas a alta presión. El objetivo es fracturar las rocas del subsuelo y liberar los hidrocarburos atrapados. Sin embargo, detrás de esta técnica se esconde un costo ambiental alto, que preocupa a científicos, ambientalistas y comunidades rurales.
De acuerdo con la Agencia Internacional de Energía (AIE), “México ocupa el cuarto lugar global en recursos de gas shale, solo detrás de Estados Unidos, China y Argentina. Las principales cuencas donde opera Pemex mediante esta técnica se ubican en Burgos, Tampico-Misantla, Sabinas, Veracruz y Tuxpan, donde desde 2003 se han perforado más de 900 pozos”.
Aunque el fracking promete independencia energética, su impacto ambiental es devastador. Cada pozo puede requerir entre 9 y 29 millones de litros de agua, una carga insostenible para regiones que ya enfrentan escasez hídrica. Solo entre 15 y 80 por ciento del agua inyectada regresa a la superficie; el resto se pierde en el subsuelo, contaminado con químicos y metales pesados.
El agua que logra salir contiene sustancias tóxicas que pueden infiltrarse en mantos acuíferos o ríos cercanos, lo que inutiliza fuentes de consumo humano y agrícola. “Mientras se perforan los pozos, se atraviesan mantos freáticos, y pasa algo muy grave: el agua se contamina y además se empuja más profundo, lo que impide volver a aprovecharla”, explicó Rojas Carrizales.
El especialista recordó que en 2001 participó en un estudio de biodiversidad en la región de Burgos, entre Nuevo León y Tamaulipas, que buscaba impedir la intervención de Pemex. “Al final no nos escucharon y ahora es donde más pozos fracturados existen. La composición química de las rocas facilita su destrucción, y Veracruz tiene una geología similar, con rocas sedimentarias muy frágiles”, advirtió.
Dijo que un informe del Centro Tyndall de la Universidad de Manchester identificó más de 260 sustancias químicas empleadas en el fracking; muchas son tóxicas, y algunas tienen efectos cancerígenos o mutagénicos. En México, sin embargo, no hay información pública sobre los químicos utilizados ni sobre el manejo del agua residual.
“Yo no dudo que Pemex lo siga haciendo. No hay autoridades que vigilen o que quieran vigilarlo”, señaló Rojas Carrizales, quien subrayó que la falta de supervisión ambiental ha permitido que la práctica continúe sin control.
El riesgo no solo es químico: los fluidos inyectados a alta presión pueden alterar fallas geológicas y provocar sismos en zonas que antes eran estables. Además, la presión del agua puede desnivelar el terreno superficial, afectando viviendas y carreteras.
México enfrenta una disyuntiva que es mantener el fracking para asegurar su producción energética o detenerlo para evitar daños ecológicos irreversibles. Aunque el país posee vastos recursos de gas shale, su explotación sin regulación amenaza el equilibrio ambiental.
El especialista coinciden en que es urgente una política energética responsable, que impulse la transición hacia fuentes renovables y establezca reglas claras para las perforaciones actuales. También piden transparencia en los proyectos, estudios de impacto ambiental rigurosos y consultas previas con las comunidades afectadas.
“Como casi no hay asentamientos humanos en las regiones donde se realiza el fracking, lo siguen promoviendo. Pero eso no significa que no haya consecuencias; el daño al subsuelo y a las aguas subterráneas es profundo”, concluyó Rojas Carrizales.






