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Fentanilo: ficción perversa

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En su conferencia de prensa matutina, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo rechazó cualquier forma de injerencismo en la política mexicana de combate al narcotráfico y reiteró sus críticas al reportaje de un diario estadounidense que elabora una ficción en torno a la manufactura del fentanilo.

En el relato, las firmantes de la nota atestiguan la elaboración del potente opioide en una cocina doméstica, lo cual fue denunciado como inverosímil desde el punto de vista científico por la mandataria, la titular de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), Armida Zúñiga Estrada, y el director del IMSS-Bienestar y excomisionado de Cofepris, Alejandro Svarch Pérez.

Este último explicó que es imposible fabricar fentanilo como se refiere en la nota –de manera casera, sin equipos de protección ni instrumental especializado– debido al grado de toxicidad de esa droga sintética. No sólo se trata de que una cantidad de fentanilo puro tan pequeña como cuatro o cinco granos de sal puede matar a quien entre en contacto con ella, sino que no existe evidencia alguna del desarrollo de la supuesta tolerancia que permitiría manejarlo sin consecuencias letales.

Como indicaron los funcionarios, que poseen formación en química y medicina, si fuera viable manipular el opioide con semejante ligereza, no existiría la cantidad de muertes por sobredosis observada en Estados Unidos. Por ello, concluyeron que la historia constituye un ejercicio de imaginación inspirado en producciones hollywoodenses.

Con esta certeza, surge la pregunta sobre el propósito de tales infundios y a quién benefician. Las intenciones parecen alinearse con la política exterior de Washington para desentenderse de sus responsabilidades en el tratamiento de personas adictas, el control de armas y la legislación que facilita el lavado de dinero.

La narrativa busca culpar a otros países por un problema que inicia en Estados Unidos con la comercialización criminal de analgésicos opiáceos, se desarrolla con complicidad oficial hacia las farmacéuticas y un enfoque represivo que ignora la atención a los adictos. México sufre las consecuencias con la violencia asociada al tráfico de estas sustancias.

El reportaje también parece un guiño del diario neoyorquino hacia el próximo presidente de Estados Unidos, ofreciéndole elementos para nutrir discursos paranoicos, racistas y falaces.

Además de los promotores del intervencionismo estadounidense y los opositores al proyecto de nación de Claudia Sheinbaum, los beneficiados por la desinformación son los grupos criminales. La confusión generada obstaculiza la comprensión del problema de los estupefacientes y desvía la atención pública de las verdaderas actividades delictivas.

La presentación de ficciones como hechos es una práctica perversa, contraria a la ética periodística y un servicio a la política colonialista. Este enfoque busca alentar el patrioterismo xenofóbico en la derecha estadounidense, incluso si causa turbulencias en la cooperación bilateral contra los estupefacientes y, lo más grave, en ofensa a la verdad.