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Falso conflicto comercial

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Dicen los gobiernos europeos pertenecientes a la OTAN que tienen que resistir para seguir con su apoyo a Ucrania, que no tiene otra solución. Suicidas. Equivale al adiós a la barrera psicológica de la inflación de dos dígitos. Además, Alemania, la mayor potencia económica e industrial de Europa, presiona a los miembros de la comunidad menos industrializados como España, Grecia o Portugal, a que economicen, racionalicen y reduzcan su consumo energético para vender los excedentes a Alemania. Lo que significa que las tensiones derivadas de la astringencia energética por las sanciones impuestas por Estados Unidos y sus aliados de la OTAN a Rusia empiezan a minar la solidez de la Unión Europea.

Lo cierto es que los principales afectados por las sanciones antirrusas son los propios europeos, no Rusia.

Desde hace 40 años, la corriente ideológica que ha determinado la dirección de las decisiones en la política exterior estadounidense es un grupo conocido como neoconservadores. Independientemente del partido político que esté en el poder, demócratas o republicanos. Son los intelectuales que portaron la justificación geopolítica de la guerra contra Irak. EE.UU. hizo su guerra contra Irak en virtud de nuevos principios geopolíticos: acción independiente de EE.UU. en un mundo unipolar, ataque preventivo contra un “Estado rufián”.

Paul Wolfowitz y Lewis Libby, son dos nombres asesores del entonces secretario norteamericano de Defensa, Dick Cheney, elaboraron un análisis titulado Defense Planning Guidance. Ahí proponían la noción de “ataques preventivos”, así como elevar el gasto militar estadounidense para dar al país una superioridad de fuerzas tan aplastante que nadie pudiese retarlo. Añadían que Estados Unidos debía, frente a las amenazas a su seguridad, estar “preparado para actuar de modo independiente cuando no se pueda concertar una acción colectiva”. 

Fue precisamente este grupo el que indujo a las sanciones contra Rusia que han puesto al Europa de cabeza por su insistencia en incorporar a Ucrania a la OTAN, algo a lo que la ex canciller Ángela Merker se opuso durante su largo gobierno, pero a lo que el nuevo canciller, Olaf Scholz, cedió poniendo al mundo y a la propia Europa en la precaria situación en la que se encuentra.

Este grupo también está detrás del actual diferendo por la política energética del gobierno mexicano en el marco del TLC. 

El presidente López Obrador ha puesto en su justa dimensión lo que el conservadurismo aborigen reclama: que se pone en peligro el TLC. No es así, porque al ser electo como presidente, hubo representantes suyos en la negociación del TLCAN y se aseguró de que sobre el petróleo y los energéticos en México es materia exclusiva del Estado Mexicano. Por encima de cualquier tratado.

Es verdad que existe tensión, pero la presión es sobre la administración Biden por su debilitamiento luego del problema mayúsculo en el que metió a sus aliados europeos. Hace bien, pues, el gobierno mexicano en plantarse frente a las presiones de Estados Unidos. Las voces alarmistas por el diferendo por el petróleo dentro del TLCAN es más un globo de aire caliente de la oposición empresarial mexicana, que un problema real para el gobierno mexicano.

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