Orizaba, Ver. – La escasez alimentaria amenaza al planeta; en una década podría agravarse la falta de alimentos, agua y otros recursos. Este escenario, es una de las principales consecuencias del calentamiento global y de la intensificación de fenómenos climáticos como El Niño y La Niña; la disponibilidad de agua, la pesca y las economías agropecuarias, igual se verán afectadas, advirtió el biólogo Héctor Rojas Carrizales, quien llamó a fortalecer las políticas ambientales y el cumplimiento de la legislación para reducir los efectos del cambio climático.
El especialista explicó que, de acuerdo con el comportamiento esperado de la oscilación climática del Océano Pacífico, México atraviesa actualmente una fase neutra, luego de que concluyeran los efectos de La Niña, por lo que las primeras señales del posible desarrollo de El Niño comenzaría a registrarse en los instrumentos meteorológicos entre septiembre y octubre.
Precisó que este comportamiento significa que las cosechas correspondientes a 2026 prácticamente no resentirá afectaciones. En caso de presentarse algún impacto, éste comenzaría a observarse hasta el próximo año y, de manera general, no superaría el 20 por ciento de la producción.
Sin embargo, aclaró que la principal preocupación no es el comportamiento climático inmediato, sino las condiciones que se prevén para la siguiente década, cuando el calentamiento global y el crecimiento de la población ejercerán una presión cada vez mayor sobre la producción de alimentos y los recursos naturales.
“Los problemas graves podrían comenzar en unos diez años”, señaló Rojas Carrizales, al advertir que el planeta enfrentará un escenario cada vez más complejo si no se implementan medidas eficaces para proteger el medio ambiente y garantizar un manejo sustentable de los recursos.
Explicó que el cambio climático no afectará únicamente a la agricultura, sino que provocará una serie de impactos interrelacionados que alcanzarán a distintos sectores económicos y sociales.
Entre ellos mencionó una menor disponibilidad de agua para consumo humano y actividades productivas, dificultades para la pesca debido a las alteraciones en los ecosistemas marinos, afectaciones a las economías agropecuarias y una mayor presión sobre los servicios públicos encargados del suministro y administración del recurso hídrico.
Indicó que estos fenómenos no deben analizarse de manera aislada, ya que forman parte de un mismo proceso derivado del incremento de la temperatura global y de las modificaciones en los patrones de lluvia, sequías y eventos meteorológicos extremos.
Respecto a la posibilidad de que El Niño provoque una crisis agrícola inmediata, el biólogo consideró que es importante evitar interpretaciones alarmistas, ya que los efectos de esta oscilación apenas comienzan a manifestarse durante el otoño, por lo que los cultivos establecidos este año no registraron repercusiones significativas. No obstante, insistió en que el panorama de largo plazo exige una respuesta coordinada entre gobiernos, instituciones, productores y sociedad para reducir la vulnerabilidad del país frente al cambio climático.
Rojas Carrizales afirmó que todavía existe la posibilidad de disminuir los efectos más severos; sin embargo, ello dependerá de la voluntad política para aplicar políticas públicas efectivas y del fortalecimiento de la educación ambiental entre la población. Subrayó que México cuenta con leyes y normas suficientes para la protección del medio ambiente, pero el principal desafío consiste en hacerlas cumplir de manera estricta y permanente.
En ese sentido, lamentó que en diversas ocasiones las disposiciones ambientales no se respeten, lo que debilita los esfuerzos de conservación y limita la capacidad del país para enfrentar los efectos del cambio climático.
El especialista reiteró que la seguridad alimentaria de las próximas generaciones dependerá de las decisiones que se tomen desde ahora. Consideró indispensable fortalecer la conservación de los ecosistemas, proteger las fuentes de agua, impulsar una producción agropecuaria sustentable y fomentar una cultura ambiental que permita reducir los riesgos que representan el calentamiento global y fenómenos como El Niño y La Niña, cuya intensidad podría incrementarse en los próximos años.






