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En torno a la Guardia Nacional

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En medio de la nada novedosa una batalla política entre el ejecutivo y la bancada de Morena en el Senado, la iniciativa presidencial para fundir la Guardia Nacional en las Fuerzas Armadas se convierte en la campaña por el dominio de la narrativa al interior del único partido político funcional en el sistema.

La discusión se centra en lo que se interpreta como la militarización de la seguridad pública. Y sí, es un aspecto del problema.Calificar de fracaso la instrumentación de políticas de seguridad pública por expectativas no satisfechas es simplificar peligrosamente la aprehensión de problema. Lo cierto es que desde el año 2000 empezó el proceso de balcanización del país en manos de las organizaciones criminales. El gobierno de Vicente Fox terminó en medio de una guerra entre el Cartel del Golfo y el de Sinaloa, y una ola absurda de secuestros. Los tiempos de Genaro García Luna en la AFI. Luego, con Calderón, sería secretario de Seguridad Pública. El regreso del PRI significó la continuación del enfoque del gobierno anterior.

Dicho de otro modo, el gobierno actual se enfrenta a las consecuencias de tres sexenios, dieciocho años, de deterioro en las instituciones de seguridad pública. Todas, ya de suyo frágiles.

La oposición y el senado morenista se excitan, porque, afirman, es un error. No lo es si se considera la metástasis con crimen en los gobiernos neoliberales. La razón por la que Genaro García Luna es juzgado en un tribunal estadounidense. 18 años de decadencia en instituciones que ya de suyo eran débiles. El país fue balcanizado por dominios territoriales criminales al punto en que el Estado es desplazado por el crimen del dominio territorial. El problema es profundo, porque en el sentido estricto no existe una posibilidad medianamente verosímil de que estructuras civiles inexpertas se enfrenten a organizaciones criminales con ramificaciones internacionales y estructuras de campo militares. Los carteles criminales se convirtieron en tejidos tumorales que drenan al Estado. Su capacidad corruptora y de penetración institucional es vastísima.

La criminalidad organizada es una suma compleja de problemas que trasciende la seguridad pública. De ahí la decisión.

Hay una aproximación distinta para entender la decisión. La 4T es una transformación revolucionaria que se confronta con los resultados del neoliberalismo en las estructuras del Estado. Sin disparar un solo tiro para imponerse al régimen anterior. No poca cosa.

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