Por Diosvany Ortega
Acabo de leer “El Colegio de Veracruz a la vanguardia; innova biblioteca”. Texto de exquisita lectura y afilados argumentos, recién escrito por el magnífico rector de esta casa de altos estudios. Enamorado del proyecto que busca un romántico y renovado espacio cultural, me aventuro al diálogo y la posible polémica.
El proyecto, en sí, me parece pertinente e impostergable. Me ha hecho recordar aquella frase que se atribuye a Víctor Hugo relacionada con que cada escuela que se cierra es una cárcel que se abre. Esta tesis, clave de la Ilustración, puede extenderse también a la injustificada idea de cerrar bibliotecas, cuando de lo que se trata es de reinventarlas.
La disminución de la asistencia hoy a las bibliotecas, no es necesariamente un indicador de disminución de la lectura, pues, a fin de cuentas, este fenómeno es el esperado de una evolución tecnológica que pone al alcance de un clic lo que antes solo podíamos encontrar en ciertos espacios de corte casi medieval[1]. Lejos ya quedaron los tiempos en que había que desplazarse a la ciudad de Bolonia para acceder a la más completa colección de derecho romano, pues hoy la educación y la cultura toda comienza a estar marcada por la pauta de la abundancia, la invisibilidad de los medios y el diálogo fluido en 360º. Estas tres metáforas son claves, pues la información no está sujeta a la escasez del medio físico, vivimos en una era posdigital donde para un amplio sector de la población los dispositivos digitales forman parte de nuestro cotidiano ecosistema de artefactos, y el diálogo cultural fluye más allá de los típicos espacios (escuelas, bibliotecas) que la modernidad destinó a esos fines. Estos fenómenos no están exentos de polémica y vulnerabilidades, pero marcan una nueva relación de los humanos con la cultura, así como en su tiempo hiciera la imprenta.
Aporte interesantísimo este que propone el Colegio de Veracruz, reinventando las bibliotecas con la contemporánea idea de curaduría: un valioso método para iniciarnos o profundizar en temas culturales. Aquí solo me pregunto si será “museo” el mejor nombre para este espacio, que pretende ser galería, espacio de diálogo entre vivos lectores, además de lugar para “escuchar con los ojos a los muertos”, como lo hiciera en su día Quevedo. ¿Acaso no es un arca (el Arca de la Lectura) destinada a salvarnos como humanos en medio de la actual avalancha tecnológica?
El sentimiento romántico detrás de la lectura en papel sigue teniendo sentido, pero no se justifica si excluye el carácter transmedial de la lectura en nuestro tiempo, así como no se justificaría pretender leer hoy a Platón en incómodos rollos de papiro o piel de cabra. No podemos perder de vista que, si la lectura era silenciosa, aislada, individual, concentrada en un tiempo y espacio, hoy es combinación de diversos tipos de textos, que aparecen en múltiples medios y plataformas, buscando diferentes experiencias y produciendo contenido derivado de esta idea. Si el libro era antes un producto cerrado, terminado hasta una nueva edición, ahora es un texto que va creciendo a cada paso, abriéndose en una comunidad de lectores.
Un aspecto clave de este museo o arca de la lectura estaría, según lo veo y entiendo, no tanto en el recogimiento a un estado tecnológico anterior de nuestra cultura como en la marcha hacia nuevas formas que visualizo desde la idea de universos transmediales formulada por Jenkins, ya que hoy cualquier libro puede llegar a formar parte de un ecosistema transmedia aunque no hubiera sido pensado como tal, en tanto surge cierta narrativa transmedial de base espontánea, que va creciendo a partir de la asociación de múltiples historias, contadas independientemente, en diferentes medios y formatos, pero que confluyen y terminan formando parte de un ecosistema que no puede ignorarse en nuestro tiempo.
Quizás mi única recomendación es que la reducción al área humanística me parece una limitación posiblemente innecesaria, puesto que nada es hoy más humano que los libros de ciencia[2], y el gran debate filosófico de nuestro tiempo está en el entrecruzamiento de múltiples ciencias para volver a responder la pregunta “¿qué es el hombre?”. Pregunta urgente que vuelve a tener sentido ante la inminente aparición de una posible inteligencia artificial de nivel humano o el mejoramiento de individuos de nuestra especie a través de la inserción de dispositivos tecnológicos que pueden desembocar en una vuelta a Nietzsche —no en balde hoy nuevamente está de moda con todo y la idea de un régimen de castas como “legalidad natural de primer orden”—.
No podemos olvidar que hoy el poder no está ya en el conocimiento, sino en la capacidad de relacionar críticamente y transformar el mundo no por un conglomerado de maestros similares a aquellos que habitan el Juego de Abalorios de Herman Hesse; sino sencillos humanos que desde diversas fuentes de conocimiento (incluidas las más sencillas y espontáneas) son capaces de comprender el mundo como interrelación, de apropiarse críticamente de la realidad y de transformarlo para un bien común. Este parece ser el cometido del Museo de la Lectura del Colegio de Veracruz, y por este solo hecho constituye un proyecto digno de reconocimiento y decidido apoyo.
San Antonio de los Baños, Cuba, 17 de abril de 2023
[1] Pensemos en el acto de iniciación en los misterios que significa obtener el carné de una biblioteca, por ejemplo.
[2] José Martí decía que era precisamente en esos libros donde encontraba la poesía mayor.
