Cuatro jóvenes mexicanas ganaron boletos para el Mundial en el concurso de dominadas del llamado Mundial Social, la fiesta que México construye al margen de la FIFA. En la mañanera del viernes, lo celebraron con el balón en el aire. Una de ellas, Yolett Cervantes, veracruzana originaria de Tlaquilpa, llegó con su traje típico y descalza. La imagen que dejaron es de esas que se quedan.
Había en esa escena varias cosas al mismo tiempo. El cuerpo de una mujer joven ejerciendo su fuerza, con alegría y sin protocolos. La raíz cultural sostenida con orgullo en medio de la fiesta global. Mujeres que vienen de donde el mundo casi nunca pone la cámara, rumbo al torneo más visto del planeta. Y la ligereza, el puro gozo, de quienes saben exactamente quiénes son.
Yolett viene de Tlaquilpa, municipio serrano de las Altas Montañas, zona de milpa y lana y náhuatl vivo. Su padre la enseñó a declamar en esa lengua; ganó un concurso y el premio fue un viaje a España a ver futbol. De regreso se olvidó de la poesía. Su padre la entrenó entonces con el balón, cuatro años, y a los dos ya hacía hasta 4 mil dominadas en cuarenta minutos. Tuvo visorias en varios clubes de primera división. Hace dos años una lesión en la rodilla la detuvo; la recuperación sigue incompleta. Va al partido inaugural —el boleto lleva el número 0001— con eso también encima, y con el balón todavía en el aire.
El Mundial Social que celebró Clara Brugada —canchas rehabilitadas, festivales populares, la apropiación comunitaria de la fiesta— tiene cara de mujer y de barrio. Ocurre donde el futbol de los grandes contratos nunca llega, y el 11 de junio, cuando México abra el torneo ante Sudáfrica, estas cuatro estarán ahí porque lo sostuvieron con el pie. Sudáfrica lo demostró con Mandela: el futbol puede ser una revolución sin disparos.
Que entre las ganadoras haya una veracruzana tiene un peso particular. Veracruz es uno de los estados donde el feminicidio ha sido dolorosamente frecuente, donde el nombre de mujeres jóvenes ha llenado demasiadas veces las páginas de la nota roja antes de llegar a cualquier otro escenario. En el traje típico de Yolett y en sus pies descalzos sobre el suelo cabe todo eso: la raíz, la tierra que duele, y la mujer joven que llega viva y fuerte al centro del mundo.
México llega al Mundial con ese doble equipaje: los reflejos patriarcales que todavía cobran vidas y estas cuatro muchachas que sostuvieron el balón en el aire y sonrieron. La declaración la hacen ellas sin proponérselo, que es cuando las declaraciones tienen más verdad. El mundo que va a verlas ya tiene una imagen previa de México. Ahora tiene también esta: Yolett descalza, con su traje típico, el balón sostenido en el aire.
