Orizaba, Ver.- El padre Helkyn Enríquez Báez, vocero de la Diócesis de Orizaba, declaró que la aceptación por parte del papa León XIV de la renuncia del obispo de Cádiz y Ceuta, Rafael Zornoza Boy (76 años), investigado por presuntos abusos sexuales a un seminarista menor de edad en los años 90, “es una señal clara de que la tolerancia cero sigue viva” y no admite excusas.
“El Papa ha demostrado que ningún prelado está por encima de la justicia cuando hay una denuncia creíble”, subrayó Enríquez Báez. El boletín de la Santa Sede confirmó la renuncia de Zornoza Boy, presentada hace 15 meses por límite de edad. El Vaticano tenía conocimiento de la acusación desde julio, cuando la víctima –hoy adulto– envió su testimonio por correo certificado.
Zornoza, diagnosticado con cáncer agresivo, niega los hechos y los tacha de “injustos y falsos”. León XIV nombró de inmediato administrador apostólico al obispo auxiliar de Sevilla, Ramón Darío Valdivia.
En España, donde el Defensor del Pueblo calcula más de 200 mil víctimas de abusos clericales desde 1940, es la primera vez que un obispo en activo es apartado por esta causa. La Conferencia Episcopal Española lamentó la “ejecución mediática”, aunque su presidente, Luis Argüello, reconoció que el pontífice actuó con pleno conocimiento.
No es la primera medida dura de León XIV. En octubre expulsó al sacerdote peruano Enrique Vásquez y, en la línea iniciada por Francisco, en septiembre de 2024 se destituyó a 10 líderes del Sodalitium Christianae Vitae de Perú –incluido el arzobispo José Antonio Eguren– por abusos físicos, sexuales y de conciencia, según la investigación vaticana de 2023.
El fundador de esa sociedad laical, Luis Fernando Figari, fue expulsado del estado clerical en agosto de 2024 tras décadas de denuncias por violencia sectaria y sodomía. “León XIV está enviando el mensaje de que la misericordia no es sinónimo de encubrimiento”
Este sábado, seis meses después de su elección, León XIV dejó en claro que un obispo enfermo ya no es intocable. Para el vocero de Orizaba, la decisión “rompe el último tabú” y confirma que la política de tolerancia cero no fue patrimonio exclusivo de Francisco, sino que ahora tiene continuidad y, sobre todo, acción.






