El Estado mexicano abandonó al campo y no solo a los campesinos y campesinas, sino también a los sistemas tradicionales de producción de alimentos, sustento de la gastronomía mexicana.
Javier Martínez Esponda, director operativo del Centro Mexicano de Derecho Ambiental (Cemda), expresó que uno de estos sistemas tradicionales de producción de alimentos es la milpa, que sintetiza el derecho a la identidad cultural, el derecho a la alimentación adecuada, el derecho al medio ambiente sano y el derecho a la salud, por mencionar algunos.
Entrevistado en el marco de la VIII Feria de la Milpa consideró que este evento abona a las raíces de México y reivindica el ejercicio de los derechos humanos de las comunidades.
Sin política de estado
Comentó que hace algunos años la gastronomía mexicana fue registrada como “Patrimonio intangible de la humanidad”, pero solo de “dientes para afuera” porque nunca se estableció una política de Estado que buscara cuidar la milpa y reivindicar la lucha de los pueblos originarios y campesinos.
En este sentido refirió que el regreso presencial de la Feria de la Milpa, después de más de dos años de pandemia, tiene que ver con la apuesta de que sea presente y futuro, y que la población cuente con alimentos sanos y culturalmente pertinentes.
“La milpa es un sistema de producción de alimentos tradicionales, pero es mucho más que eso, es un lugar que congrega a la familia y a la comunidad que siembra y cosecha y celebra en comunidad”.
Tras casi tres años de pandemia, agregó que es necesario provocar a la gente a que se pregunte qué come en este momento y si quiere que las recetas heredadas por las abuelas vuelvan a tener un presente y un futuro.
Violencias
El especialista explicó que cuando se mira el campo y la milpa es necesario entender una serie de violencias alrededor, que las personas están combatiendo y que el gobierno tendría que desarticular.
Entre otras está el impulso a la agroindustria y las compañías que reciben subsidios del Estado mexicano, que gozan de trato preferencial y tienen acceso al agua, la cual acaparan.
“Hay una violencia que tendría que ser combatida, está pendiente, desde la sociedad civil hemos estado peleando a capa y espada”. Otra violencia latente es la amenaza a las semillas nativas y la insistencia del gobierno en firmar la iniciativa de reforma a la Ley Federal de Variedades Vegetales, UPOV-91.
“Las semillas nativas hasta como discriminatoriamente se les llama, las semillas de uso común, no están protegidas, no están siendo fomentadas, y la pregunta sería: ¿y eso cómo lo hacemos?”.






