Cuando la presidenta Sheinbaum habla de conspiración no se refiere a reuniones en la oscuridad ni a operaciones encubiertas. Habla de comunión de propósitos: actores distintos, en países distintos, moviéndose hacia el mismo objetivo con recursos compartidos y narrativas sincronizadas. En ese sentido preciso, la conspiración existe y está documentada.
La oposición mexicana representa alrededor del 30 por ciento del electorado según las encuestas de intención de voto más recientes. Es una minoría significativa, no desdeñable, pero minoría al fin. Lo que ese porcentaje no explica es la desproporción entre su peso electoral y su presencia en el espacio narrativo: redes sociales, medios extranjeros, foros internacionales, think tanks con producción permanente de informes, rankings y declaraciones. Una minoría que ocupa el espacio de una mayoría no creció orgánicamente. Alguien la infló.
Ese alguien tiene nombre. Atlas Network. Una organización estadounidense que agrupa más de 500 organizaciones en más de 100 países con el objetivo declarado de promover políticas de libre mercado y combatir lo que llaman gobiernos intervencionistas. Ha recibido financiamiento del Departamento de Estado, de la National Endowment for Democracy y de corporativos como Shell, ExxonMobil y Philip Morris. La narrativa de la libertad tiene patrocinadores con contratos. En México opera a través de organizaciones identificables. El Instituto Mexicano para la Competitividad —IMCO— es miembro formal de la red: produce los rankings de certidumbre y competitividad que alimentan el discurso de que México no ofrece condiciones para invertir. Caminos de la Libertad, organización del periodista Sergio Sarmiento, es la plataforma desde la que esa narrativa se distribuye en medios de alcance nacional. La Cátedra Vargas Llosa cubre la función que las otras dos no cubren: legitimidad cultural. Juntas producen política pública, periodismo e intelectualidad. El espectro completo. No son acusaciones. Son registros públicos.
El manual que Atlas distribuye entre sus afiliados ha operado con variaciones menores en Brasil contra Lula, en Chile contra Boric, en Colombia contra Petro. El paquete es siempre el mismo: inseguridad, incertidumbre económica, libertad amenazada. Los conceptos viajan entre países porque los cuadros que los despliegan se forman en los mismos seminarios, compiten por los mismos fondos y responden a la misma red. Que la derecha mexicana hable con los mismos términos que Milei o Ayuso no es coincidencia ideológica: es entrenamiento compartido y financiamiento coordinado. Atlas celebró su Radical Innovation Summit en Ciudad de México en 2025 y tiene agendado operar en el país durante el ciclo electoral que desemboca en 2027. La infraestructura no sólo existe. Se está activando.
Una fuerza política que necesita amplificación externa para parecer lo que no es ya respondió su pregunta más importante. Con lo que tiene adentro, no alcanza.






