Orizaba, Ver.- Al menos 60 por ciento de los herbicidas e insecticidas prohibidos en Estados Unidos y en la Unión Europea continúan utilizándose en México dentro de la producción agrícola, advirtió Agustín Corona, licenciado en agronegocios, al señalar que en el país siguen en circulación sustancias altamente tóxicas que en otras regiones ya fueron retiradas por sus riesgos a la salud y al medio ambiente; incluso se consideran precursores de cáncer.
El especialista explicó que esta situación se mantiene debido a que varios de esos productos siguen disponibles en el mercado nacional, se consiguen con facilidad y son utilizados de manera constante por productores agrícolas, principalmente por su efectividad y bajo costo, aunque su impacto sea agresivo para los suelos, los ecosistemas y para la salud de quienes los aplican.
“Hay productos que en Estados Unidos ya no están permitidos, pero en México lo siguen utilizando”, afirmó y consideró que el tema debe colocarse en la agenda pública porque no se trata de casos aislados, sino de una práctica extendida en distintas regiones del país.
Entre los productos que citó se encuentra el Furadan, utilizado principalmente para combatir plagas, pero considerado altamente peligroso. De acuerdo con Corona, se trata de un agroquímico “muy agresivo” y con alta toxicidad, al grado de que en otros países ya no se permite su uso.
“El Furadan es para las plagas, es muy agresivo. Es altamente tóxico. En Estados Unidos no está permitido, pero aquí sigue a la venta”, señaló, al advertir que este tipo de sustancias pueden representar riesgos no sólo para los trabajadores del campo, sino también para comunidades cercanas a las zonas de cultivo.
Explicó que, en muchas ocasiones, los jornaleros o aplicadores no cuentan con el equipo adecuado de protección, lo que incrementa la exposición a químicos peligrosos. A esto se suma la posibilidad de contaminación de suelos, mantos freáticos y cuerpos de agua, así como la presencia de residuos en alimentos.
Otro producto que mencionó fue el glifosato, un herbicida que describió como permitido en México y de uso frecuente, pese a que se trata de una sustancia fuerte que puede dañar considerablemente la tierra.
“Es un producto muy agresivo, elimina los pastos y también daña mucho la tierra. Es un producto tóxico, muy fuerte”, explicó el licenciado en Agronegocios, al subrayar que se aplica en prácticamente cualquier cultivo donde exista invasión de malezas.
De acuerdo con su testimonio, este herbicida se utiliza con frecuencia en cultivos de caña, debido a la presencia constante de pastos que invaden los terrenos y pueden desplazar o debilitar las plantas. Sin embargo, no se limita a ese sector, ya que también se usa en otros productos agrícolas.
“Se ocupa en todos los cultivos donde tenga que haber invasión de malezas. Se utiliza mucho en la caña por los pastos que invaden y que te eliminan los cultivos”. Añadió que su aplicación también se extiende a cultivos como pepino y calabacita, además de otras hortalizas, donde el control de maleza es constante para mantener la producción.
Corona también habló del glifosato, herbicida que ha provocado debate internacional por sus posibles efectos. Señaló que, a pesar de cuestionamientos y restricciones en otras regiones, en México todavía hay empresas que lo continúan vendiendo sin problema.
“Hay varias empresas que todavía lo siguen vendiendo. Es un producto barato y elimina ese problema”, comentó, al advertir que el bajo costo suele ser un factor determinante para que productores lo sigan utilizando, sobre todo en un contexto donde el campo enfrenta altos costos y baja rentabilidad en algunos cultivos.
El especialista insistió en que México se ha convertido en un país donde todavía se utilizan sustancias que en otras regiones ya fueron retiradas del mercado por su peligrosidad. Incluso recordó que en algunos países de América Latina se siguen empleando químicos prohibidos desde hace décadas, como el DDT, lo que demuestra que el problema es regional y está relacionado con falta de vigilancia y regulación. Sin embargo, precisó que en México el panorama es alarmante porque la práctica se mantiene de manera cotidiana. “De 10 productos que están prohibidos para su uso en los cultivos como insecticidas, por lo menos seis se siguen utilizando en México”.
En este contexto, recordó que la presidenta Claudia Sheinbaum dio a conocer a inicios de año una lista de productos que ya no deben utilizarse en la producción del campo, como parte de un esfuerzo para reducir el uso de agroquímicos peligrosos y transitar hacia alternativas menos dañinas.
De acuerdo al portal web de la presidencia de la República, en septiembre del año pasado, 35 plaguicidas que se prohibieron y son 2,4 DB, Alaclor, Aldicarb, Azafenidina, Azinfos metílico, Azocyclotin, Bioresmetrina, Bromuconazol, Captafol, Carbofurano, Carbosulfan, Clordano y Clorpirifos-metil. Así como el DDT, Diclofop metil, Dinocap, Dinoseb, Disulfoton, Edifenfos, Endosulfan, Fenarimol, Fenitrotion, Fention, Fentoato, Flusilazol, Fosfamidon y Hexaclorociclohexano, Hexaflumuron, Lindano, Metidation, Óxido de fenbutatin, Paratión etil, Quinalfos, Resmetrina y Triclorfon.
Corona consideró que, además de los anuncios, es indispensable que exista vigilancia real para evitar que estos productos sigan comercializando, así como programas de acompañamiento técnico para que los agricultores puedan sustituirlos sin afectar su productividad.
Subrayó que el reto no sólo es prohibir, sino garantizar que el campo cuente con opciones seguras, accesibles y efectivas. De lo contrario, advirtió, los agroquímicos altamente tóxicos seguirán en los cultivos mexicanos, con consecuencias directas para la salud pública, el ambiente y la calidad de los alimentos que llegan a la mesa de las familias.






