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Llegar a los jóvenes

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Ricardo Azamar

Vivimos en tiempos acelerados en las que se prefiere el ‘impacto’ antes que el ‘largo plazo’, las reacciones y las opiniones en vez de los argumentos urgidos por una prisa para llegar quién sabe a dónde o perdernos en un lugar que no existe pero que se habrá de inventar. En esa lógica desenfrenada el condimento que acompaña gran parte del accionar cotidiano es la palabra ‘tecnología’, por supuesto, con un uso inadecuado, porque se entiende como una cuestión novedosa, de moda, lo actual. En sentido estricto, las máquinas simples y compuestas son también una tecnología y vigente sin duda, en muchos de los principios de la innovación tecnológica que es la nombradía correspondiente a lo que se refieren gurús y seguidores de lo tech.

A ellas apuestan con devoción religiosa las actuales candidaturas locales y federales: sea compartiendo videos en las omnipresentes redes sociales en donde se les ve bailar, bromear con el público, abrazar ‘al pueblo’, recitar sus promesas o visitando foros y participando en podcasts en los que ofrecen contenido de consumo exprés para alcanzar al electorado que aún no ha decidido a quién otorgar su voto. 

Es mucho lo que hay que abarcar y poco el tiempo para llegar a todos. Para ello, los equipos de campaña y los contendientes suman muchos kilómetros recorridos y nos los remiten de modo tal como si en realidad nos lo reprocharan, como si ese desgaste de ir de una localidad a otra, de un punto del estado a otra ciudad, por la mañana aquí, al atardecer allá fuese una acción que el ciudadano común deberá agradecer eligiéndole su representante; faltaba más con lo bien provistos que están de medios y recursos para hacer sus desplazamientos, además de que es su voluntad andar en ello. 

Sin embargo, lo que resulta importante destacar se obvia y finalmente, se diluye como las historias fugaces de ciertas aplicaciones. Les escuchamos decir que han visitado tal lugar, realizado un encuentro en este sitio, que estuvieron en no sé dónde y más por el estilo. Y por ello creen que conocen a la gente de las geografías recorridas. Ir de paso a una ciudad no es lo mismo que visitarla como tampoco es posible decir, sin caer en una mentira, conozco tal comunidad porque ahí estuvimos en un mitin en fechas recientes.

Recorrer la geografía de un estado no significa llegar a conocerlo, mucho menos si se trata de un amplio territorio que hay que abarcar en el menor tiempo posible para apersonarse en algunos de los municipios que conforman las entidades. Cuando exultantes confiesan ante la muchedumbre que resolverán las problemáticas de la localidad lo hacen sabiendo que a ese escenario muy probablemente no volverán, ni recordarán el nombre, alguna anécdota quizá, poco más. Por eso es relevante detenerse, aunque haya prisa, en aquello que arengan las candidaturas en escenarios físicos y virtuales; se sabe que ‘por la boca muere el pez’ y en tiempos electorales, quienes presiden las campañas no se resisten a la tentación de morder el anzuelo y quedarse con un bocado que a la larga suele indigestar.

Una ciudadanía crítica reclamaría un ejercicio del poder desde los tiempos de precampaña, durante el periodo electoral y por supuesto, al término de las elecciones; si fuese así, escucharíamos propuestas y no meras ocurrencias, habría más debate y menos palabrería; los mítines serían verdaderos escenarios de diálogo entre candidatura y electorado y no lo que observamos ahora. 

Se sabe que en la mayoría de las elecciones son los jóvenes de 19 a 29 años quienes menos ejercen su obligación de votar por sus representantes; hay quienes que ven en la estadística una normalidad porque ocurre en todas partes, como si esa tendencia no reflejase una anomalía de la democracia por parte de la clase política y de los adultos en general. 

Por ahora, las candidaturas han apostado por las ‘nuevas tecnologías’ para llegar a los jóvenes, aunque sin explicar a cuáles jóvenes y para ofrecerles qué en cuanto lleguen a ellos. ¿Dónde está esos jóvenes con rostro y nombre propio, con historias que debería importarnos conocer al menos para poder decirnos que recorrieron un largo camino para llegar a ellos?

No son sólo un listado de grafías y cifras en el padrón electoral ni el nick en una cuenta de una red social, son los grandes ausentes en el festín electoral de estas elecciones trascendentales para la democracia nacional; y hasta ahora se desconoce qué propuestas y políticas públicas se plantean para resolver las problemáticas de la juventud. Cuánta falta hace continuar construyendo la ciudadanía porque sin este recorrido será más difícil conocer nuestras obligaciones y derecho, pero, sobre todo, demandar su cumplimiento pleno.

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