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Las “revueltas” de Huerta y Zenyazen

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La Faena

La aparición de contradicciones al interior de los grupos políticos morenistas que en su momento disputaron la candidatura al gobierno del estado a Rocío Nahle no retrasaron su reaparición.

A poco más de tres meses de que la exsenadora asumiera el mando del Ejecutivo estatal, brotaron desde recónditos grupúsculos algunos movimientos de revanchismo, y otros buscando “calar” hasta dónde se puede forzar a una negociación con la mandataria.

Esta clase de manifestaciones disfrazadas de movimientos sociales y de exigente reivindicación democrática de la institución partidista ha dado más de qué hablar que la propia oposición política, la cual aún no acierta a establecer una agenda que le dé coherencia y cohesión para convertirse en una alternativa electoral.

Uno de ellos, y al parecer el que en efecto trata de establecer una agenda a modo, al viejo estilo, con la Secretaría de Educación de Veracruz, es el de la Unión de Sindicatos Magisteriales del Estado de Veracruz (USMEV). Se trata de un grupo de presión conformado por ocho organizaciones magisteriales emergentes, la mayoría provenientes de desprendimientos de gremios de maestros con mayor nómina y que se hicieron visibles durante la gestión al frente de la SEV del diputado federal Zenyazen Escobar.

Se presume que Escobar habría alentado la creación de estos grupos con el propósito de servir de cuña para reducir la presión que habitualmente es sometida la dependencia por las organizaciones mayoritarias de las secciones 32 y 56 del SNTE, además de constituirse como base política para su fallida campaña por la gubernatura.

Una minuciosa indagación de La Silla Rota da cuenta de la ruta que siguió la revuelta, la cual inició a fines de enero con el anuncio de la secretaria Claudia Tello a las secciones mayoritarias del SNTE sobre el programa Maestro al Aula, que busca regresar a las aulas a los docentes comisionados en funciones administrativas.

La USMEV reaccionó el 6 de febrero y denunció que la SEV no los consultó al respecto. Esto fue el detonante de una inconformidad que ha ido escalando en días recientes. Esencialmente, han señalado que el regreso de los comisionados a las aulas afecta su estatus de trabajador y que esto los perjudicaría, pues ya han hecho una vida que les da estabilidad familiar, personal y profesional.

A esto se suma la demanda del cumplimiento del compromiso hecho con Zenyazen Escobar de otorgarles 20 mil horas docentes ya presupuestadas. Puede verse que se trata de un movimiento anclado en compromisos adquiridos por el hoy diputado federal por Córdoba, quien en su momento también aspiró fuertemente a la candidatura morenista al gobierno de la entidad.

De ahí que la aparición de múltiples siglas magisteriales se haya planteado como la creación de una base política que impulsase su deseo de suceder a Cuitláhuac García. Tal suposición se confirmaría por el hecho de que algunos de los líderes en revuelta obtienen elevados salarios que alcanzan los 49 mil pesos, ocupan dos plazas de comisionados al sindicato, y otros más ocuparon posiciones en el extinto partido Nueva Alianza. En resumen, alcanzaron sus actuales posiciones gracias a la promoción de Zenyazen Escobar.

En este caso, pareciera que la “revuelta” magisterial es una reacción a los hallazgos del ORFIS en presuntos importantes desvíos en la cuenta pública del pasado gobierno, lo que escribiría una historia diferente en la que habrían menudeado actos de corrupción.

La otra “revuelta” es la del neoyunista Manuel Huerta Ladrón de Guevara, quien parece hallarse a gusto con lo que le dictan sus nuevos amos del Senado.

De forma inusual, pues el senador ha sido relativamente congruente en sus posiciones políticas exhibidas durante su dilatada carrera, tras la adopción del Clan Yunes que hizo el pastor senatorial Adán Augusto López y su alfil Gerardo Fernández Noroña, el exdirigente morenista va de bandazo en bandazo.

Primero calló y eludió hablar de la incorporación de los Yunes a la bancada guinda y le sacó la vuelta al tema de la Carpeta Azul. Apenas la semana anterior denunció, muy escandalizado, que había cuando menos 100 aspirantes morenistas a candidaturas a alcaldías que iban en contra de la propuesta de la presidenta de erradicar el nepotismo.

Pues bien, ayer, durante la aprobación que hizo el Senado de una especie de veto temporal a la propuesta de Sheinbaum Pardo, Huerta se sumó a los senadores que prefirieron posponer hasta el año 2030 la enmienda que buscaba impedir que gobernadores, alcaldes y legisladores hereden sus cargos a cónyuges, hijos y otros parientes.

Es decir, con reservas avaladas por Morena, Partido Verde y PT, todavía dentro de los próximos cinco años los parientes de políticos podrán suceder en los cargos a sus familiares.

Este nuevo bandazo de Huerta evidencia que su discurso y sus acciones solo las ocupa a conveniencia de sus intereses y no de quienes dice representar, aquellos que votaron a su favor en los comicios del año pasado.

Si el exmiembro de la UCISVER piensa que, culiempinado con los dictados de Adán Augusto, aliándose con los Yunes y tornándose en crítico de la administración estatal de su partido, va a construir su candidatura para el 2030, está demostrando ingenuidad y candidez ante los voraces tiburones presupuestívoros que nadan en las agitadas aguas senatoriales.

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