APUNTES: La pareidolia
Recordemos cuando de niños mirábamos al cielo, precisamente las nubes. Ahí podíamos ver muchas cosas, animales, castillos, flores, lo que se nos imaginaba se dibujaban frente a nuestros ojos. El cerebro interpreta patrones aleatorios, a ese efecto se le conoce como la pareidolia. No solo ocurre en las nubes, se da en las manchas en los restos de agua o líquido vertidos en el piso, en la cara de la luna, en las manchas de humedad y prácticamente, en casi todo lo que nuestros ojos perciben.
“…la pareidolia puede observarse en El Principito cuando los adultos interpretan el dibujo del narrador como un sombrero, aunque en realidad representa una boa que ha tragado un elefante. Esta confusión muestra cómo la mente tiende a reconocer figuras conocidas incluso cuando la imagen tiene otro significado” (Biblioteca Digital)
El cerebro humano se dispone al reconocer patrones de manera rápida, especialmente imágenes que son cotidianas, caras, siluetas y mucho más. Nuestras memorias ancestrales nos remiten a detectar el peligro de fieras, fuego sin control y demás. De ahí que nos era útil detectar gente, animales, fenómenos naturales de forma rápida, tipo “escaneo”. Lo más sorprendente es que dos o más personas frente a la misma situación, digamos una mancha de algún líquido en el suelo pueden ver cosas distintas, unos ven el mapa de su país, otro ve la cara de un tirano y el otro ve un avión. ¿Raro? Pues no. Esa acción es muy humana. La ciencia actual nos dice que esas “visiones” de interpretaciones se deben a: experiencias personales, memorias, cultura, estado emocional, esto nos crea una expectativa cerebral, eso es, el cerebro espera una imagen con un cierto sesgo, el que se hace visual al encuentro con la forma.
Este fenómeno se relaciona profundamente con la manera que los humanos percibimos la realidad, cómo la creamos. No somos exactamente una máquina de fotografías o de vídeo, la mente humana no solo procesa información visual, ésta la compara, la selecciona, la contrasta con imágenes de recuerdos, asocia significados, muchas veces prefiere ver lo que más le complace, formas mismas que se refieren a lo más placentero o quizá lo más deseado.
En otro contexto, la mente no solo recibe información visual, recibe poderosísimos mensajes olfativos, auditivos, táctiles y gustativos.
Nuestro cerebro contrasta las formas de recuerdos y le asigna significado. Antes de “analizar” un grupo repetitivo de sombras y claros, se decide por algo más placentero: la silueta femenina en muchos casos. La pareidolia produce una realidad percibida y no del objeto observado, contrasta con la memoria histórica y las expectativas de quien observa.
Las caras o rostros humanos, siluetas y demás son los objetos más, a la primera se le conoce como “la pareidolia facial”, podemos ver rostros en casi todo, en una mancha, en una sombra en un despintado y en las nubes ciertamente. La ciencia dice que los humanos vemos caras por su expresión y la importancia que esas expresiones (indicadores de intenciones) han tenido en nuestro desarrollo. Aprendimos de niños a distinguir una sonrisa a una cara de amenaza. Identificar una cara es un valor social, los amigos se distinguen de otros y así.
“Investigaciones neurocientíficas han encontrado que las caras ilusorias activan regiones visuales relacionadas con el reconocimiento facial, lo que indica que el cerebro procesa estos estímulos de manera rápida y no simplemente como una interpretación tardía o imaginaria”. (Guthrie, S. E. (1993). Faces in the Clouds)
Muchos han visto figuras culturales y religiosas con valor simbólico en árboles, manchas de humedad, alimentos o formaciones naturales, montañas que han tomado su nombre por similitudes de forma con símbolos sociales. Nombres que nacen por su semejanza visual, ejemplos: “cerro de la silla” en Monterrey, México, “Cerro de la campana” en Hermosillo, México, “Table Mountain” Ciudad del Cabo, Sur África y demás.
La pareidolia puede ser una fuente directa en el arte visual. Pintores, dibujantes, escultores, cineastas se han encontrado con formas que se parecen a otras y terminan siendo propuestas únicas. Hay pinturas que invitan a la imaginación de quien percibe lo que a su bien quieran ver. La mente es creadora y sorprende con formas de alguna manera deseadas.
La imaginación tiene enemigos, muchos dicen representar las ciencias y las evidencias de metodologías aceptadas o consensuadas por intereses imperantes. Ver un rostro en un cerro, escuchar un gato o un elefante al pasar un tren viejo rechinando los fierros, puede, en todo caso, ser una representación de algo que nuestra mente quiere resolver rápido y no se podría comprobar con una lógica científica.
Como advierte el dicho popular: “Si te vas para España, límpiate la lagaña, que la vista te engaña’. La pareidolia nace precisamente de ese engaño perceptivo: no vemos solo con los ojos, sino también con la memoria, la cultura y la imaginación.” (de Lange, F. P., Heilbron, M., & Kok, P. (2018)
Ampliamente la pareidolia nos enseña que nuestra mente es poderosa y traviesa en su afán de complacernos. Es necesario distinguir entre la ficción y lo real. Lo que percibimos no siempre es lo real. Somos creadores de realidades.
Con todo y todo, la pareidolia es más compleja de lo que pensamos, se versa sobre el funcionamiento profundo de la mente humana. Percibir no es necesariamente copiar la realidad, es construirla a partir de patrones recuerdos buenos malos, expectativas claras o falsas. Es imaginación en todo caso. La creación de la belleza de lo accidental. Se hace evidente nuestra capacidad de imaginar, inventar.
“La percepción de una silueta femenina en sombras ambiguas puede considerarse una expresión de pareidolia visual, ya que el observador atribuye una forma humana reconocible a un estímulo indefinido.” (Wardle, S. G)
References
Wardle, S. G., Taubert, J., Teichmann, L., & Baker, C. I. (2020). Rapid and dynamic processing of face pareidolia in the human brain. Nature Communications.
Alais, D., Xu, Y., Wardle, S. G., & Taubert, J. (2021). A shared mechanism for facial expression in human faces and face pareidolia. Proceedings of the Royal Society B.
Guthrie, S. E. (1993). Faces in the Clouds: A New Theory of Religion. Oxford University Press.
Javier Hernand Garcés es Licenciado en Derecho, Maestro en Derecho Ambiental y Licenciado en Naturopatía.





