domingo, julio 3, 2022
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Inusuales

Instalados de lleno en la lógica neoliberal excluyente y de dominio del neoliberalismo, el gobierno estadounidense toma decisiones unilaterales contra Rusia que impone a sus aliados europeos. Pero, ya se ha dicho aquí, luego de una caída inicial que no llegó a cinco días la economía rusa, las medidas occidentales han probado ser completamente ineficaces. No solo no han castigado la economía rusa sino que la han impulsado en una sinergia con China que golpea por el eje la racionalidad neoliberal del establishment occidental dominante de las cuatro últimas décadas. Esto ha tenido consecuencias en la economía mundial: la inflación, producto de la reactivación de la demanda y la guerra económica contra Rusia. Lo cual es un eufemismo, porque las guerras siempre son económicas por razones económicas. Con cualquier pretexto ideológico o político, pero invariablemente subyace el interés económico. A menos, claro, que sean guerras defensivas. La diferencia es si tienen una expresión bélica o una salida negociada, política.

Noam Chomsky, opinólogo lúcido y referencial en estos tiempos de incertidumbre, aseguró que Donald Trump es el único “estadista occidental” que ha propuesto una verdadera solución diplomática, a pesar de ser “el peor criminal de la historia”. 

Bien, al margen del juicio valorativo del lingüista, lo cierto es que Donald Trump tiene esa capacidad porque simplemente no está en la lógica neoliberal, especulativa y monetarista. Cuando habla de hacer América grande otra vez, habla de generación de riqueza material, bienes, que crea trabajos remunerados, lo que a su vez fortalece la demanda y el consumo internos generando bienestar. Lógica keynesiana básica. Trump puede ser un chocante controversial irredento. Un bárbaro, si se quiere. Su única virtud es que es antineoliberal. Esto es, anti globalismo económico y nuevo orden mundial, es nacionalista, anti criptomonedas, anti OMS por encima de las soberanías nacionales, está a favor de economía productora de bienes y servicios tangibles. No en futuros. Trump puede ser un personaje chocante –y con toda razón– para el sentido común políticamente correcto, pero tiene un atributo que lo hace simpático: es profundamente antineoliberal. Dicho sea esto a contrapelo de la sabiduría y verdad convencionales.

Esto lo dijo a finales de la semana pasada en un portal de educación neozelandés. Con éstas palabras: “Afortunadamente un estadista en los Estados Unidos y Europa ha hecho una propuesta muy sensible sobre cómo resolver la crisis”, indicó sobre el papel que Trump pretende asumir en torno de la guerra entre Rusia y Ucrania.

Según Chomsky, Trump propuso “facilitar las negociaciones, en vez de socavarlas, y para avanzar con miras hacia el establecimiento de algún tipo de acomodo en Europa… en el que no haya alianzas militares, sino solo un acomodo mutuo”. Eso dice Noam Chomsky de Donald Trump. Esa debe ser la razón por la que el presidente López Obrador ha dicho en público de la gente que Trump le cae bien.

Se sabe poco, pero Trump es el energúmeno que en su momento propuso, tras el colapso de la Unión Soviética, que George Bush (padre) “creara lo que llamaron sociedad para la paz, que estaría abierta para los europeos, en general, o para los asiáticos”. Se sabe que Macron ha tratado de contactar a Putin para crear espacios de negociación.

Todo este desgarriate se resolvía fácil hasta la semana pasada, bastaba con desactivar la guerra económica. No lo hizo Biden y ahora la alianza occidental está a la defensiva y en crisis. Todo hace pensar que, si llegamos, el planeta tendrá a Trump de regreso en la presidencia estadounidense. Y, bien visto, no es mala noticia.

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