martes, julio 5, 2022
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Etiquetado de alimentos: cesar la simulación

La Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) y la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) organizaron el primer operativo conjunto del año para verificar la correcta implementación de la norma oficial mexicana 051-SCFI/SSA1-2010, relativa al etiquetado para alertar a la población sobre el contenido excesivo de calorías, sodio, azúcares y grasas, o bien, la presencia de edulcorantes en alimentos preenvasados. Como resultado de esta supervisión, se determinó inmovilizar más de 380 mil productos que “presentan irregularidades en su empaque, como omitir sellos de exceso de calorías o azúcares añadidos y presentar leyendas o imágenes interactivas en productos con sellos de advertencia”. 

La mayor parte de las piezas inmovilizadas son cereales fabricados por Kellogg’s, una de las principales opositoras a la normativa que entró en vigor en octubre de 2020. A mediados del año pasado, la organización El Poder del Consumidor ya había advertido que ésta y otras marcas seguían fallando en facilitar a la población los datos necesarios para hacer elecciones informadas. En su reporte “Monitoreo del uso de personajes y sellos de advertencia en empaques dirigidos a niñas y niños”, el organismo da cuenta de una extendida práctica con la cual algunas empresas simulan cumplir con la ley al mismo tiempo que mantienen ocultos los aspectos potencialmente nocivos de sus productos: se trata del “doble frente”, es decir, empaques en los cuales es difícil distinguir entre el lado frontal y el posterior, y que son exhibidos por las tiendas con su parte trasera –donde no se imprimen los sellos correspondientes– al frente.

Si en un principio las compañías del ramo alimentario podían aducir una falta de tiempo para adecuar sus procesos a la nueva ley, es injustificable que a estas alturas sigan presentando empaques con irregularidades, ya sea de manera accidental o como subterfugio para eludir el cumplimiento de sus obligaciones ante las autoridades y la ciudadanía. En este sentido, cabe recordar que la política de etiquetado frontal no es una ocurrencia gubernamental, pues la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) la calificaron como “la regulación más avanzada en materia de etiquetado de productos alimenticios y bebidas no alcohólicas”, y que también ha sido saludada por instituciones académicas y de combate a la obesidad, tanto en México como a escala internacional. Si además se considera que (de acuerdo con la OMS y la OPS) nuestro país ocupa el primer lugar mundial en obesidad infantil y el segundo en obesidad en adultos, queda claro que la correcta presentación de los datos nutricionales no es un tema menor, sino que significa el primer paso para concientizar a los ciudadanos acerca de la importancia de cuidar su alimentación y adoptar hábitos de consumo más saludables. En esta perspectiva, resulta particularmente grave que se caiga en simulaciones con productos dirigidos al público infantil, frente al cual cabría esperar una mayor sensibilidad. A reserva del esclarecimiento de las posibles faltas en que se haya incurrido con los productos asegurados ayer, es deseable que cese todo intento de eludir la normativa y que las grandes empresas alimentarias se enfoquen en el desarrollo de alternativas más saludables para el público.

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