El árbol de la especie Oreomunnea mexicana, conocido como Palo Zopilote, localizado junto al parque Juárez en la calle JJ Herrera, luce seco, todas sus hojas que tenía cuando fue sembrado el 29 de noviembre de 2023 se cayeron y ni siquiera alcanzó a crecer.
En ese lugar estaba sembrado un árbol ficus que fue talado el 21 de noviembre de 2023 por el ayuntamiento que preside Ricardo Ahued Bardahuil, con la justificación de que presentaba un hongo, tenía vitalidad baja en proceso de muerte y estas condiciones lo convertían en un riesgo porque podría derrumbarse.
El árbol ficus que fue talado era reconocido por los transeúntes porque la copa asomaba hasta las escalinatas del parque Juárez y ahí se paraban decenas de pájaros que emitían chirridos todas las tardes. Ahora en la misma maceta donde se secó el árbol Palo Zopilote que fue sembrado por la dirección de Medio Ambiente municipal, ahí tratan de sobrevivir tres milpas ante los embates de la contaminación de gases arrojados por los camiones del transporte público, taxis y automóviles particulares.
Al respecto, el investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (Ciesas) Unidad Regional Golfo, Juan Carlos Olivo Escudero, explicó que para tener éxito en la reforestación de una ciudad se requiere un programa de arboricultura urbana, el cual consiste en no sólo sembrar un árbol, sino darle seguimiento, cuidarlo en su crecimiento con agua, abonos y estar pendiente de las amenazas que giran a su alrededor, como la contaminación de gases o el propio ciudadano que de manera accidental o malintencionada arroja basura en su hábitat.
“Las políticas urbanas ambientales que tienen que ver con el capital verde de una ciudad están en el marco de la arboricultura urbana; si la autoridad no tiene programas de reforestación o de sembrados de árboles, estamos ante políticas ambientales inadecuadas”, explicó.
Agregó que una arboricultura urbana debe tener bien diseñado un plan de los árboles que se van a sembrar en los viveros municipales, cuánto tiempo se les tiene que cuidar, y si se les coloca en la vía pública debe haber un seguimiento posterior con las tecnologías, con el objetivo de mapear cada árbol que se pone.
“Llevar un monitoreo de ir y checar si sus hojas no tienen amarillamiento, si hay alguna plaga, incluso si algún ciudadano de manera intencional o por accidente lo daña y hay que sustituirlo, todo eso es la política arboricultura urbana”.
Pero cuando la autoridad siembra árboles sin ayudarlos a crecer y abandonarlos a la suerte de las lluvias que pudieran caer en la ciudad, entonces no habrá éxito en la reforestación y habla de una política equivocada.
“Y si no es así estamos ante una política ambiental caduca, donde simplemente se llevan arbolitos y números de que se sembraron 100, 200, mil árboles, y lo que sucede después no me interesa”, criticó.
Olivo Escudero aclaró que el hecho de que este árbol recientemente sembrado se secara no significa que toda una política pública de restauración del arbolado es equivocada por las autoridades.
“Juzgar una política pública en función de un individuo me parece atrevido, pero sí puede ser un indicador de que algo falló en el caso concreto de ese árbol”, finalizó el también investigador del Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (Conahcyt) en México.
Un árbol es como un niño, hay que criarlo: Lavida
Por su parte, la integrante de La Asamblea Veracruzana de Iniciativas y Defensa Ambiental (Lavida), Beatriz Torres Beristáin, sostuvo que la tala de árboles en ciudades o en cualquier parte del mundo envía un mensaje negativo a la sociedad y principalmente a las nuevas generaciones.
“Es negativo porque antes de talar un árbol tenemos que aprender a sembrar; y creo que hasta a los niños los estamos enseñando a cortar antes que sembrar, por ejemplo, cuando los llevamos a cortar el árbol en Navidad, por más interesante que sea y son árboles forestales, que para eso son, hay que llevarlos a sembrar, a verlos crecer y cuidarlos”.
La reforestación no sólo consiste en sembrar árboles sino en adoptarlos, cuidarlos y tener acciones positivas que lo ayuden a crecer, como asegurar el agua, el abono, y eliminar lo más posible las amenazas a su alrededor, dijo la también investigadora del Centro de Investigaciones Tropicales (Citro) de la Universidad Veracruzana (UV).
“El sembrar árboles no es sólo sembrarlos, es como un niño, no sólo es tener hijos, hay que criarlos, al igual que los árboles. Somos una ciudad que a pesar de estar en un lugar muy bendecido tenemos un déficit de naturaleza, nos falta naturaleza en la ciudad y lo sentimos con los calores, cualquier sombra es muy agradable”.
Torres Beristáin consideró necesario que las autoridades aprendan y preponderen la necesidad de sembrar árboles, cuidarlos en su crecimiento porque al cortarlos hay un daño al medio ambiente y la consecuencia inmediata es la elevación de la temperatura en la ciudad.
“Hemos visto reforestaciones en épocas de seca. Dices: ‘¿Qué pretenden?’ Si no sabes qué tipo de árbol es, y si no les llueve. Los árboles hay que sembrarlos cuando están aseguradas las lluvias. La reforestación no es sembrar, sino visitarlos, cuidarlos. Una reforestación exitosa es tener árboles creciendo y exitosos”, finalizó.






