La vacunación continúa siendo la principal herramienta para prevenir el sarampión, una enfermedad viral altamente contagiosa que puede provocar complicaciones graves tanto en niños como en adultos, especialmente en personas que no cuentan con esquema completo de inmunización.
De acuerdo con especialistas del sector salud, el sarampión atraviesa cuatro etapas bien definidas. La primera es la de incubación, en la que no hay síntomas visibles, aunque el virus ya se encuentra en el organismo. Posteriormente se presenta la fase catarral, caracterizada por signos similares a un resfriado, como tos seca, fiebre leve, dolor de cabeza y molestias en las articulaciones.
La etapa exantemática es una de las más evidentes, ya que aparecen erupciones en la piel, fiebre alta, enrojecimiento de ojos y malestar general. Finalmente, en la fase descamativa disminuye la fiebre y se observa una descamación fina de la piel acompañada de comezón intensa. Un signo distintivo de la enfermedad es la presencia de manchas de Koplik en la boca, consideradas indicativas del sarampión.
El infectólogo pediatra José Luis Díaz Luna, adscrito al Centro de Alta Especialidad Doctor Rafael Lucio, señaló que es importante acudir al médico ante cualquier síntoma y evitar la automedicación, ya que en sus primeras etapas el sarampión puede confundirse con un resfriado común. Aclaró que no existe un tratamiento específico para eliminar el virus, aunque sí es posible atender y controlar las complicaciones que pudieran presentarse.
El especialista advirtió que, ante la detección de un caso en el hogar o la comunidad, se debe evitar el contacto cercano, sobre todo entre niños, debido a que no todas las personas reaccionan de la misma manera y algunos pacientes pueden desarrollar cuadros severos.
En el caso de adultos no vacunados, los riesgos aumentan de forma considerable, particularmente entre quienes padecen enfermedades crónico-degenerativas como diabetes, hipertensión u obesidad.
El sarampión se manifiesta con fiebre alta, ojos enrojecidos, secreción nasal abundante y erupciones en la piel. Su transmisión ocurre principalmente a través de las gotículas de saliva que una persona infectada expulsa al hablar, toser o estornudar, aunque también puede propagarse por contacto con superficies u objetos contaminados, lo que incrementa su capacidad de propagación en comunidades con baja cobertura de vacunación.






