Orizaba, Ver.- Junio es hasta el momento el mes más lluvioso desde 1941, los estados de Chiapas, Veracruz y Oaxaca, han sido los más golpeados. Ese mes superó los mil milímetros de precipitación, una cifra inédita que puso a prueba la capacidad de respuesta de autoridades y comunidades.
De acuerdo con la agrupación www.agua.org, se confirma que Chiapas, Veracruz y Oaxaca encabezaron la lista de estados con mayores acumulados. En la estación de Chiapas, la magnitud de las lluvias sorprendió incluso a los especialistas, según se señala, debido a que cayó casi el triple de agua que en todo un año recibe un estado como Nuevo León o la Península de Baja California.
Los efectos fueron inmediatos y severos. Inundaciones en viviendas, cortes prolongados de energía eléctrica y agua potable, pérdidas de cultivos y desbordamientos de ríos se reportaron en múltiples regiones. En zonas bajas de Veracruz, comunidades quedaron incomunicadas durante días por el colapso de carreteras; en Oaxaca, los deslaves bloquearon caminos serranos; mientras que, en Chiapas, el desbordamiento de los ríos Grijalva y Usumacinta obligó a la evacuación de cientos de familias.
Para meteorólogos y expertos en cambio climático, se señala en el reporte de www.agua.org, “estos registros no son un hecho aislado. El aumento de la temperatura global está alterando los patrones de precipitación y favorece la ocurrencia de eventos extremos. Investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) advierten que el calentamiento de los océanos incrementa la evaporación, generando nubes de tormenta con capacidad para descargar volúmenes de agua extraordinarios”.
“Lo que antes se consideraba un episodio atípico ahora empieza a ser parte de una nueva normalidad”, se señala. Las proyecciones científicas señalan que México, por su ubicación geográfica, es especialmente vulnerable a estos cambios, lo que significa que temporadas de lluvias más intensas podrían convertirse en una constante en las próximas décadas.
La intensidad de las precipitaciones dejó al descubierto las debilidades de la infraestructura urbana e hidráulica, según se relata, y cita como ejemplo lo que ocurrió en la Ciudad de México, varios sistemas de drenaje colapsaron, provocando anegaciones en avenidas principales y estaciones del Metro. En Monterrey y Guadalajara, las lluvias interrumpieron el tránsito en vías rápidas y afectaron a miles de automovilistas. En áreas rurales, la falta de bordos de contención y de planes de emergencia complicó la entrega de ayuda a las familias damnificadas, se precisa.
Autoridades locales reconocen que la infraestructura existente no fue diseñada para lluvias de tal magnitud. Frente a este escenario, especialistas urgen a replantear los modelos de urbanización y de manejo del agua, reforzando desagües pluviales, invirtiendo en drenajes profundos y recuperando zonas de absorción natural como humedales y áreas verdes. También subrayan la necesidad de fortalecer los sistemas de alerta temprana para proteger a la población en caso de nuevas contingencias.
“Debemos pasar de la reacción a la prevención; el cambio climático no es un problema futuro, es una realidad que ya vivimos”, advierte el mismo estudio
En conclusión, la temporada de lluvias de 2025, “no sólo deja cifras históricas de precipitación, sino también un recordatorio de la urgencia de prepararse para un clima más extremo. Si México no fortalece su infraestructura y no adapta sus ciudades y comunidades a esta nueva realidad, las próximas temporadas podrían traer consecuencias aún más graves”.
“El récord de junio de 2025, con más de mil milímetros de lluvia a nivel nacional, es una señal clara: la naturaleza está cambiando a un ritmo que exige medidas inmediatas y sostenidas para proteger a la población y garantizar la seguridad hídrica y alimentaria del país” se apunta.






