Orizaba, Ver.- Los incendios forestales que se forman en las zonas boscosas del Valle de Orizaba no sólo arrasan con la vegetación: también ponen en riesgo a las especies endémicas de la región.
A pesar de que el índice de incendios forestales en 2025 ha sido menor al del año anterior, los daños provocados continúan generando preocupación entre expertos y ambientalistas.
El biólogo Héctor Rojas Carrizales, exsubdirector del Parque Nacional Pico de Orizaba, advierte que los incendios forestales representan una amenaza crítica para la biodiversidad del ecosistema montañoso que rodea la región, las zonas boscosas del Valle de Orizaba, incluyendo áreas protegidas como el Cañón del Río Blanco, la Sierra del Pico de Orizaba y la Sierra de Zongolica, se mantienen como regiones altamente vulnerables al fuego.
Según el especialista, hay varias especies como víboras y serpientes que habitan únicamente en estas zonas elevadas. “Estamos hablando de especies que no existen en ninguna otra parte del mundo. Su pérdida sería irreparable”, señaló.
Uno de los principales factores detrás de los incendios forestales, asegura Rojas Carrizales, es la acción humana. A pesar de los esfuerzos de concientización, muchos de los incendios tienen su origen en actividades imprudentes como la quema agrícola no controlada, fogatas mal apagadas, colillas de cigarro arrojadas en zonas boscosas o incluso incendios provocados de manera intencional.
“Mientras no haya una verdadera cultura ambiental, estos incidentes seguirán ocurriendo”, advirtió el biólogo. Aunque en 2025 el número total de incendios ha disminuido, las consecuencias siguen siendo significativas. Las llamas no sólo consumen la flora y fauna, también degradan el suelo, alteran los ciclos hidrológicos y generan emisiones contaminantes que afectan la calidad del aire y aceleran el cambio climático.
Las zonas afectadas albergan una gran riqueza biológica, entre ellas especies vegetales propias de climas templados y fríos, pinos, encinos y pastizales de altura, que sirven de hábitat a una variedad de animales. El impacto de los incendios en estos ecosistemas es profundo y prolongado.
“Una vez que el fuego pasa, el entorno no se recupera de inmediato. Puede tomar décadas restaurar un bosque como los del Pico de Orizaba, y eso si las condiciones son favorables. Pero si los incendios son recurrentes, es muy difícil que la vegetación y la fauna regresen a su estado original”, explicó Rojas Carrizales.
Hay una especial preocupación por las especies endémicas, como ciertos tipos de víboras de la Sierra de Zongolica y el Cañón del Río Blanco, ya que desempeñan un papel importante en el control de plagas y el equilibrio ecológico. Sin embargo, debido a su baja densidad poblacional y hábitats reducidos, son extremadamente vulnerables a las alteraciones del entorno.
En la región hay zonas críticas “tenemos el Cañón del Río Blanco, una región de belleza escénica y alto valor ecológico, cuya vegetación ha sufrido severas pérdidas en los últimos años; la Sierra del Pico de Orizaba, donde se encuentran algunas de las últimas poblaciones de especies de pino y abeto en el centro de Veracruz.
Precisa, “tenemos la sierra de Zongolica, un territorio de montaña con una gran diversidad cultural y biológica, habitado por comunidades indígenas que también enfrentan las consecuencias del deterioro ambiental.
Todo esto nos conlleva a tener una necesidad de acción urgente y por ello, prosigue, “se hace un llamado a las autoridades y a la sociedad en general para reforzar las acciones de prevención y vigilancia, así como para impulsar la educación ambiental desde los niveles básicos. También subrayó la importancia de dotar de mayores recursos a los cuerpos de protección civil y brigadas forestales”.
“Necesitamos programas comunitarios de manejo del fuego, patrullajes preventivos, reforestaciones inteligentes con especies nativas y sobre todo, educación. Sin la participación activa de las comunidades locales, no hay forma de detener esta tendencia”, afirmó.
El futuro de los ecosistemas del Valle de Orizaba depende en gran medida de las decisiones que se tomen hoy. Mientras tanto, cada incendio que se registra representa no solo la pérdida de árboles y animales, sino también una amenaza a la identidad natural y cultural de la región.
