Orizaba, Ver.- México se está calentando a un ritmo más acelerado que el promedio global, dio a conocer la Gaceta de la UNAM en un estudio elaborado por la doctora Graciela Raga, investigadora del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la Universidad Nacional Autónoma de México, “mientras el planeta ha registrado un incremento promedio de 1.1 °C desde la era preindustrial, en territorio mexicano el aumento ha sido de 1.7 °C, lo que genera serias implicaciones para el país”.
Este fenómeno tiene consecuencias directas en la intensidad y frecuencia de eventos climáticos extremos, como olas de calor, sequías e incendios forestales.
Uno de los principales factores que agravan esta situación es el fenómeno de El Niño, que en 2023 alcanzó condiciones extremas. Este evento climático, que modifica los patrones de temperatura y precipitación, provocó que 2023 fuera el año más cálido registrado hasta ahora. La investigación aclara que, aunque El Niño no es producto directo del cambio climático, sí actúa como un potenciador de sus efectos, y su interacción con el calentamiento global genera escenarios aún más graves.
En 2023, cada uno de los últimos seis meses del año rompió récords de temperatura global, y fue también el primer año en el que se superaron los 1.5 °C de calentamiento durante varios días consecutivos. “Esto es alarmante porque se está sobrepasando el límite establecido en el acuerdo de París como umbral para evitar impactos catastróficos”.
México, al estar situado en una zona tropical y contar con una geografía diversa, experimenta impactos diferenciados del cambio climático. Las zonas áridas del norte, por ejemplo, son cada vez más secas, mientras que regiones del sur enfrentan lluvias más intensas, lo cual afecta la agricultura, la disponibilidad de agua y la salud pública.
También se hizo hincapié en que el país carece de políticas públicas robustas para enfrentar esta problemática. Aunque existen esfuerzos institucionales y compromisos internacionales, como los firmados en la Conferencia de las Partes (COP), la implementación de acciones concretas ha sido limitada. La adaptación al cambio climático requiere inversiones en infraestructura, educación ambiental, y fortalecimiento de capacidades locales para gestionar riesgos.
Pese a que los impactos son visibles, muchas personas aún no vinculan estos eventos con el calentamiento global. Esta desconexión dificulta que se exija a los gobiernos una respuesta efectiva.
Se hace un llamado urgente a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, en especial el dióxido de carbono (CO2), que proviene mayoritariamente de la quema de combustibles fósiles. También se enfatiza en la necesidad de avanzar hacia una transición energética que privilegie fuentes renovables como la solar y la eólica.
Finalmente, se insiste en que, aunque el problema es global, las soluciones deben pensarse desde lo local. “Cada comunidad, cada ciudad, debe encontrar maneras de adaptarse y mitigar los efectos del cambio climático. La ciencia ya nos dio el diagnóstico; ahora necesitamos actuar”.
